lunes, mayo 24, 2010

MONSTRUOS MITOLÓGICOS Las estrellas están, más o menos, donde siempre han estado. Lo que cambia son las formas que los humanos dibujamos a partir del escrutinio de los puntos de la noche.

El cielo de los antiguos estaba lleno de héroes: Perseo, Heracles, Andrómeda, Cástor, Pólux… El nuestro está lleno de planetas vacíos, de pléyades tóxicas y de basura intergaláctica que transmite lo mismo coordenadas bélicas y cambios atmosféricos que juegos de fútbol.

Nuestra vida no tiene nada de mitológica. Vivimos muy lejos de aquellas historias en las que los héroes reducían a los monstruos y los mandaban al inframundo. Tal vez por eso vivamos en una zozobra constante.

Los males de hoy no se representan como vestiglos infernales; se representan desnudos como son. El miedo a la guerra ya no es una bestia de látex que destruye Tokio; es un arsenal nuclear escondido, un loco macerado en pólvora, un avión de pasajeros atravesando un edificio de oficinas, una ristra de balas, una fila de bombarderos, un rifle, seis navajas, tres locos sin moral ni corazón…

Los mitos llenos de héroes tenían razón de ser cuando la humanidad era más ingenua y creía que el mal no dominaría jamás el álgebra ni las artes. Por eso los héroes eran filósofos y los monstruos a los que se enfrentaban, seres irracionales a los que se debía reducir con más ingenio que fuerza.

Que lo diga Polifemo, el cíclope al que Odiseo dejó ciego y humillado en su isla llena de ovejas.

Hoy en día los malvados son bellos como ángeles, dominan los arcanos más abstrusos y tienen recursos infinitos para seducir a cualquiera; ya no son entidades a las que se les pueda representar como fieras horripilantes; son seres modélicos, como lo fueron en su tiempo los héroes de los primeros mitos.

A simple vista pareciera que el mundo comenzó a girar al revés, que los árboles tienen las raíces fuera de la tierra y que los humanos caminamos de cabeza. ¿Cuándo se produjo semejante voltereta? Quién sabe. Tal vez Hitler y Stalin y Pinochet y otros tantos malvados de la historia condensen una respuesta que nos satisfaga aunque sea a medias.

Por eso resulta interesante volver a los mitos griegos y preguntarse si el héroe no sería el Minotauro en lugar de Teseo.

La lectura de los clásicos inquieta por muchas razones, pero inquieta más si la hacemos a la luz de un mundo cuya moral es radicalmente opuesta a ésa que plantearon Homero y Sófocles.

¿Qué les pasó a los humanos para que cambiaran así su moral?

Vieron monstruos de verdad.

Quién sabe si los miedos contemporáneos se asemejen o no a los miedos antiguos. Lo que sí es cierto es que los miedos de hoy se sienten cómodos entre mitologías desechables como las del cine y la televisión, y no en los mitos eternos que terminan grabados en los astros del cielo o en las murallas de Tebas.

Los antiguos no eran tontos. Ellos sabían que cualquier persona, por muy encumbrada que estuviese o se sintiera, podía convertirse en un monstruo o en pasto para la tragedia. Edipo y Agamenón fueron prodigios de la soberbia, criaturas prendadas de sí mismas y por eso terminaron como terminaron… Así que quizás los griegos de antes supieran que la moral es cambiante y tal vez cíclica, como todo lo que se escribe en la bóveda celeste. Por eso no tiene nada de raro que en otra versión del cuento, el monstruo fuera Hércules y no la Hidra.

Los griegos de antes sabían lo que hacían…

No hay manera de acercarse a los clásicos sin sentir una fuerza perturbadora que nos recuerda cuán vanos, cuán volubles y cuán predecibles podemos ser. He ahí una razón para volver a los helenos cada vez que necesitemos una dosis de humildad.

¡Nada como un monstruo del Peloponeso!