miércoles, mayo 05, 2010

EN ESTE LIBRO MUERE GENTE

 He vuelto a Sófocles buscando refugio y lo he encontrado. El ciclo de Edipo me ha dejado boquiabierto y con ganas de leer más teatro griego. ¿Qué puedo hacer sino regresar a esas obras que leí apurado en la universidad y que ahora puedo leer sin apremios de ninguna naturaleza?

 Abandonarse a la lectura de los clásicos es un ejercicio de humildad que no está de más hacer de vez en cuando, sobre todo porque, por lo general, nos encerramos en la desmesura de creer que en las novedades está la suma de la sabiduría o la explicación de la vida que vivimos.

 En Antígona o en Edipo en Colono hay sabiduría abisal en estado puro, sin tiempo ni adornos ni luces estrafalarias. Quien lee obras semejantes, recibe un mazazo de veinticinco siglos que habla de su presente o de cualquier época. Tal es la fuerza de la Tragedia, de los símbolos y de las situaciones que refleja.

 Con lentitud giraremos la aguja de nuestras lecturas. Por ahora entraremos en Ayax y en Las Traquinias, y continuaremos con Sófocles hasta que algo tan o más grande nos reclamE.

 Las tragedias griegas nos dan en el alma porque todas tratan sobre los asuntos más elementales (y por tanto universales) de la humanidad: el amor, los celos, los hijos, la muerte, la fe, el poder, el dolor, la enfermedad...