viernes, mayo 14, 2010

CINE EN FAMILIA El sábado antepasado vimos Iron Man 2 y la disfrutamos como sólo se disfrutan las grandes cosas de la vida: con un tobo de refresco y con otro de cotufas.

Rodrigo gritó de emoción dos veces: cuando Tony Stark se puso por primera vez la armadura de núcleo triangular y cuando su héroe picó a los robots malvados con el rayo que corta todo lo que se le atraviesa.

Mariana no gritó, pero salió diciendo que le encanta Robert Downey Jr.

Yo lloré cada vez que aparecía Gwyneth Paltrow (yo quiero que Pepper Potts sea mi jefa)... También lloré cada vez que aparecía Scarlett Johansson.

Stan Lee es un genio.

Ahora, entrando en materia, quisiera decir algunas palabras sobre esta película. Me gustó, sí, y mucho. Sin embargo, creo que en el algún momento la historia pierde el ritmo. No sé si se solaza demasiado en la borrachera de Tony Stark y en las manos podridas de Mickey Rourke creando monstruos, pero a la hora de la plomazón, uno echa de menos más carajazos, más metal abollado y crepitante; más dolor, más desesperación. La pelea final es un intercambio de tiros rápidos y ya; listo. Las uñas podridas de Mickey Rourke vuelan en pedazos y se acabó. Todo el mundo a su casa.

Quizás esa sensación provenga de los diálogos. Iron Man 2 es una película demasiado «hablada». Los personajes hablan y hablan mientras uno anhela más acción (o más Gwyneth). ¿Quieren un ejemplo? Vean todas las tonterías que dice Hammer, el otro malo-malísimo que es experto en inventar y vender armas obsoletas. Recuerden la escena en que se reúne por primera vez con el caballero que necesita una manicura y díganme si los dialoguistas de Hollywood no se han tarantinizado un poco de más.

A pesar de todo, Iron Man 2 no defrauda y hace que la familia pase un rato de extraordinario solaz.