jueves, abril 22, 2010

SESIÓN ESTÁTICA

 Al contar hasta tres, tú, querido lector, abandonarás tu mundo y entrarás a otro.

 Uno: la mujer rubia cuelga los pantalones de su marido en un tendedero redondo.

 Dos: un hombre mira una película llena de trenes en un cine tan viejo como impecable.

 Tres: el cielo azul se torna plateado.

 Respira hondo. Es 4 de mayo de 2001. Estamos en una reunión de condominio del edificio San Pietro. Los participantes se encuentran sentados en torno a un televisor. Eva es la presidenta de la junta y convocó a sus vecinos para discutir sobre la necesidad de continuar el trabajo de plomería profunda que se ha venido realizando durante los últimos meses. La construcción entera se hundiría en una ciénaga de aguas mefíticas, si no se enfrentaba el problema.
—No sé qué opinarán los demás, pero yo creo que eso nos está saliendo demasiado caro —dijo el italiano del 3A.
—Caro y lento —apuntó el viejito del 4C, metiéndose la pipa en la boca.
—Calma, señores. Todavía falta.
—¿Falta? Ya tienen tres meses trabajando. Eso ya debería estar listo —gruñó impaciente el profesor del 2C.
—Yo lo que no aguanto son los martillazos y el taladro ése que me vuelve loca —señaló la gorda del 2B.
—Señores, paciencia, por favor. Los obreros no han terminado el trabajo porque el desaguisado es mayúsculo —señaló la muchacha que vive alquilada en el 1A.

 Eva retomó la palabra y con serenidad expuso tanto los problemas que encontraron los obreros en los cimientos del edificio, como las soluciones que pusieron en práctica. El italiano del 3A saltó de su asiento cuando la presidenta de la junta de condominio habló de números. El hippie del 4A y el profesor del 2C casi se van a las manos porque este último insinuó que esas cifras no eran transparentes. El viejito del 4C mordió su pipa y opinó algo en zigzag, mientras la muchacha del 1A trataba de ayudar a la presidenta a poner orden.
—Para que ustedes vean el panorama con mayor claridad —dijo Eva sin perder la compostura—, aquí tengo una cinta en la que he ido documentando todo lo que han hecho los albañiles. Vamos a verla y luego seguimos discutiendo.

 El italiano del 3A quiso decir algo, pero la gorda del 2B lo mandó a callar. Eva apagó las luces y encendió el televisor.
—Estas imágenes las captamos luego de que los señores taladraran las bases del edificio. Observen el nivel de humedad que hay en todo ese patio…
—¿De humedad nada más? —acotó con ironía el viejito del 4C.
—Shhh.
—Observen esta otra grabación… Eso fue el día en que dejaron al descubierto los canales por donde circulan las tuberías.
—¿Canales? ¿Qué canales? —preguntó el hippie del 4A.
—Ése era el método que se usaba antes para trazar el recorrido de las tuberías —respondió con rudeza el profesor del 2C— ¿Tú no ves lo vetusto que está este edificio?

 Ya iban a agarrarse otra vez, pero la dulce voz de Eva los atajó.
—Fíjense en ese canal de la derecha. Vean cómo la tubería se encuentra totalmente desportillada.

 En ese instante, la pantalla mostraba un tubo roto. De pronto, por una de aquellas vías oxidadas y corroídas, pasó un cilindro oscuro y pétreo al que la cámara siguió con excesivo detenimiento.
—Observen cómo la tubería de aguas negras que sale del apartamento 1A realiza un recorrido errático y su contenido no va a parar al sumidero normal, sino al patio que ahora se encuentra totalmente anegado.

 En ese punto nadie oía a Eva. Todos miraban a la bella chica del 1A.

 Al contar hasta tres saldrás de esta historia sabiendo cómo termina.

 Uno: la luz del día hace que todo se vea azul.

 Dos: un hombre camina desnudo por Times Square.

 Tres: tres chutos blancos recorren en fila una calle.

 Respira tranquilo. Sal al mundo real. Sé feliz.