martes, febrero 09, 2010

LA OSCURA MÉCANICA DEL MINISTERIO DEL ODIO

Infinita maldad. Infinita mediocridad

 El Ministerio del Odio expropia empresas, destruye empresas, toma empresas y compra empresas porque su objetivo es convertirse en el único empleador de la comarca. De esa manera cada nativo dependerá del Ministerio del Odio.

 El Ministerio del Odio no invierte en infraestructura no sólo porque los encargados de las reparaciones y del mantenimiento de la infraestructura nacional son unos inútiles, sino porque, para el Ministerio del Odio, el buen funcionamiento de las máquinas dificulta el cumplimiento de sus planes de expansión.

 Nos explicamos mejor: la inversión en máquinas que generan y distribuyen, por ejemplo, energía eléctrica le brinda bienestar a sus detractores, a la gente a la que el Ministerio del Odio pretende controlar o ver fuera de la comarca. El Ministerio del Odio asume como premisa principal el sofisma de que muchos de sus seguidores nunca han disfrutado las bondades que produce el buen funcionamiento de carreteras, autopistas, hospitales, servicios eléctricos y sanitarios, y, por lo tanto, no hay razón para apurar la inversión en tales servicios.

 Al Ministerio del Odio no le interesa enfrentar a los delincuentes. Cada asesinato, cada robo, cada secuestro, vicia el aire y le mina la voluntad a los que el Ministerio del Odio considera sus enemigos, elemento que es vital para que se inhiban o se vayan de la comarca.

 El Ministerio del Odio tiene colaboradores en todas partes, incluso entre sus adversarios. Aparte de trasegar información de un lado a otro, y de vender los éxitos de los rebeldes por una arroba de lentejas, estos colaboradores son expertos en trivializar la rabia de los habitantes de la comarca, de bajarle el volumen a las protestas y de aceptar porque sí todo lo que tenga que ver con elecciones, aunque éstas sean organizadas por un organismo-apéndice del propio Ministerio del Odio.

 No obstante, y aunque parezca contradictorio, creemos que, si llegan a producirse, hay que participar en las próximas elecciones. No hay que ejecutar ninguna torpeza que libere al Ministerio del Odio de cargar con las consecuencias del caos que él mismo ha producido a lo largo de estos años. Hay que organizarse para participar en las elecciones y, al mismo tiempo, revolver el aire para que a nadie se le olvide que el Ministerio del Odio destruye nuestras vidas.

La médula del mal

 Parte de la fuerza del Ministerio del Odio radica en el trabajo constante que ejerce sobre el carisma natural del Líder. El Ministerio del Odio paga a precio de oro la asesoría de unos oscuros expertos en el arte de explotar la debilidad de las personas vía control emocional, generación de esperanzas y otorgamiento de dádivas. La mayoría de los seguidores del Ministerio del Odio se caracterizan por una mezcla de ignorancia y resentimiento que los hace vulnerables a la constante transmisión de sofismas y de medias verdades fáciles de memorizar y repetir. Esto se agrava cuando a esas personas se les aplica un esquema clientelar y se les obliga a depender de un sueldo, de una beca o de unos modestos beneficios a los que esta gente mesmerizada se aferra con voluntad fanática.

 Los acólitos del Ministerio del Odio son expertos en desviar cualquier invectiva o comentario que resuma el hastío que a estas alturas producen los discursos y las acciones del Ministerio. Los métodos que utilizan van desde el cambio brusco del tema de conversación hasta el uso de armas de fuego. El Ministerio del Odio produce tal estado de enajenación que torna a sus creyentes en fanáticos de un culto que se asume siempre como víctima a pesar de que es él quien reparte gases, pólvora y balas.

 El Ministerio del Odio es una enorme agencia de publicidad y propaganda que le paga a sus fanáticos para que sigan siéndolo. Por un lado los acólitos ven mensajes que exaltan el carisma del Líder y, por otro, reciben algún beneficio tangible que se concreta en las formas en que el populismo sabe concretar sus dádivas. Por eso cuesta tanto debilitar al Ministerio del Odio: porque es una máquina creadora de ilusiones entre los que confunden la administración del Estado con la solución de sus problemas inmediatos de supervivencia.

 De lo anterior se infiere el origen de su misteriosa fuerza, la razón por la que a pesar de su ineficiencia gerencial, el Ministerio del Odio continúa al mando de la comarca. Todos reciben. Algo reciben. Los acólitos de aquí reciben. Los de allá reciben. Los de más allá también reciben (o quisieran recibir) y por eso se callan, se hacen la vista gorda o hablan bien de lo que hace este Ministerio del Odio.

 El Ministerio del Odio trabaja junto a los Ministerios del Odio de otras naciones y éstos, a su vez, quizás respondan a un Ministerio del Odio superior que trabaje desde las sombras para restituir algo parecido al gran Ministerio del Odio que gobernó a medio mundo entre 1917 y 1991.

 A favor del Ministerio del Odio ha jugado la ayuda foránea, la administración de ingentes recursos, la constante repetición de una épica en la que se mezcla el discurso de los fundadores de la patria con la retórica de una ideología que trajo fracaso y miseria doquiera que se puso en práctica. En contra, el Ministerio del Odio se tiene a sí mismo, su barbarie azuzadora de monstruos, su deseo de revivir un cadáver político, su voluntad de imponer un modelo de vida y valores ajenos a los que ha desarrollado la comarca durante generaciones, su desprecio por el esfuerzo individual y su exaltación del colectivismo, sus letanías bélicas, su pésimo desempeño administrativo, su intento de hacer creer a la población que se pueden tratar temas del siglo XXI con palabras de los siglos XVIII y XIX…

Dile adiós a los enanos morales

 El Ministerio del Odio es una estructura montada sobre el resentimiento y el deseo de venganza de miles de personas que consideran que una élite beneficiada por los cónsules del pasado les marginó de la prosperidad y los condenó a vivir sin esperanzas. Todo el discurso que sostiene al Ministerio del Odio se basa en exacerbar esos ingredientes que son debilidades en las almas de los habitantes de esta comarca. Por eso quienes se le enfrentan de mil maneras distintas, deben dedicar materia gris y hormonas a perfilar un sueño que se traduzca en un proyecto político que logre conjurar las pasiones oscuras de las que se vale el Ministerio del Odio para mantenerse en el poder.

 Para comenzar semejante tarea, hay que explicarle a la comarca entera que «socialismo» no significa «ayuda», «asistencia altruista a la sociedad» ni nada que se le parezca. «Socialismo» en los términos en que el Ministerio del Odio lo plantea, significa comunismo, control por parte del Estado de todo cuanto sea posible (de las empresas, del deporte, de la educación, de las libertades individuales, de los medios de comunicación, de las artes, del pensamiento) para, en teoría, repartir los trabajos y las ganancias de la república «a partes iguales» entre los habitantes de la comarca.

 Dada la voracidad del Ministerio del Odio resulta fácil imaginarse cómo sería tal repartición…

 Hay que volver bífida la lengua y cuidarla de no ponerla a hablar con palabras que sean espejo de las del Ministerio del Odio. Hay que contarle a la humanidad cuán chapucera y perversa es esa estructura de poder y, además, hay que hablarles con respeto a los que hoy se arropan con la capa oscura que les tiende el Ministerio del Odio. Hay que pronunciar un mensaje cálido, que contenga las semillas de la esperanza; un discurso que restañe las heridas de todos y que sirva para ayudar a diseñar un futuro promisor para esta comarca mil veces diezmada.

 La labor no es sencilla. Requiere el concurso de voluntades inquebrantables que sean capaces de imponer el orden cuando haga falta, y de mantenerse ecuánimes a la hora del diálogo y de la apertura.

 Quiera el destino que la comarca produzca, en su momento, semejantes voluntades. De lo contrario el Ministerio del Odio continuará su labor destructora.