martes, noviembre 03, 2009

ALFREDO ESCALANTE EN DOS CUENTOS Los lentes de Freddie Mercury

El día de la llegada del grupo Queen a Venezuela, Alfredo Escalante era el único reportero apostado en el aeropuerto listo para entrevistar a los miembros de la prestigiosa banda británica. Los demás representantes de los medios venezolanos eran fotógrafos, camarógrafos y luminitos. Así que nada impediría la conversación de Alfredo con estos distinguidos visitantes.

Lo extraño del asunto fue que los integrantes de Queen llegaron en distintos aviones. Por eso el único entrevistado de esa tarde sería Freddie Mercury.

Mercury se apareció con unos pantalones blancos y una camisa roja que le daban una apariencia sencilla. Quizás el único detalle de estrella de la música, de hombre que ha vivido y sobrevivido a muchos escenarios, fuera el par de Rayban (iguales a los de Alfredo) con los que cubría su mirada de lince.

Durante la entrevista, Freddie Mercury hablaba con amabilidad sobre la música y sobre los grandes planes del grupo; hablaba sobre tal o cual canción, sobre la gira por Latinoamérica y sobre otros grupos... Freddie Mercury hablaba y a Alfredo no se le quitaba algo de la cabeza; algo que lo distraía y que no lo dejaba oír lo que estaba diciendo el mismísimo cantante de una banda legendaria. Ese detalle, esa pequeña cosa que no dejaba en paz a Alfredo Escalante era algo imperdonable: los espejos de los lentes de Freddie Mercury estaban rayados...

David Lee Roth en peligro

En los ochenta, cuando el cuarteto norteamericano Van Halen vino a Venezuela, a Alfredo Escalante le tocó acompañar al cantante David Lee Roth a una conocida discoteca caraqueña que quedaba en el CCCT. Una vez allí, Alfredo y David se divirtieron conversando y tomándose unos tragos en compañía de unas amiguitas hasta que algo extraño sucedió.

Resulta que a la mesa donde nuestros amigos pasaban un buen rato se acercaron cuatro armatostes forzudos vestidos con camisas ceñidas y sin mangas, mostrándole a todo el mundo sus brazos tallados a fuerza de mancuernas.

Los cuatro gorilas llegaron llamando la atención de la gente sacudiendo sillas y poniendo a temblar las botellas de la mesa, inquiriendo a David Lee Roth para que saliera a darse unos golpes con los cuatro inútiles de gimnasio que tenía en frente.

Alfredo, viendo que aquellos centuriones de la brutalidad preguntaban por el cantante de Van Halen para decirle que a ellos no les gustaban sus tongoneos en el escenario y que encima le caerían a patadas, les dijo:
―Dejen quieto al míster aquí o se las verán con unos amigos míos que tienen un galpón en Turumo lleno de sopletes y estopa.

Al oír esas palabras de Alfredo, los gorilas no entendieron nada y por unos instantes dejaron tranquilos al pobre David Lee Roth y a sus amigos. Ese breve espacio de tiempo fue el necesario para huir ilesos de la discoteca e irse a comer unas arepas bien resueltas en Bello Monte.