martes, septiembre 01, 2009

EL NIÑO JET Un matrimonio tuvo un varoncito muy sano y muy mono. Lo único que enturbiaba su felicidad era que el chico se despertaba de su plácido sueño y de inmediato comenzaba a soltar unos sollozos iguales a los de un motor de 747 capaces de sacar de su cama a media ciudad. Para colmo, la madre del Niño Jet comenzó a notar que la leche que producía, no era alimento suficiente para su hijo.

Los doctores de distintas especialidades —pediatras, otorrinos, internistas y fisiólogos— examinaron al niño y no encontraron nada extraño en sus cuerdas vocales. Los mecánicos de American Airlines también trataron de diagnosticar lo que aquejaba al bebé, pero terminaron prodigando cientos de elogios ante lo armoniosos que les parecieron los ruidos que salían de la garganta del Niño Jet. Dijeron que aquéllos eran los sonidos de una obra maestra de la ingeniería aeronáutica, y que un motor que sonara así no podía sino volar a la perfección.

Decía que la mamá del Niño Jet comenzó a notar que su leche no era suficiente alimento para su hijo, y entonces probando y consultando, concluyó que lo mejor sería prepararle a su retoño un alimento que mezclara leche y gasolina de aviones. Desde ese momento comenzó el calvario para el pobre matrimonio. El combustible aeronáutico es la cosa más cara del mundo y ellos no tenían cómo pagar ni siquiera un litro. Para solucionar el problema alguien llamó a la televisión. Pronto organizaron una gran colecta en beneficio del Niño Jet. Su padre se sintió muy contento de la iniciativa y desechó los planes que ya había empezado a fraguar para hacerse con unas cuantas gandolas de combustible aeronáutico.

Los padres del Niño Jet comenzaron a salir en la televisión, en revistas, en la radio, en el cine y en internet. Curioso fue que ninguno de los dos pidió ayuda para comprar combustible ni para impedir que, mediante una cirugía, su hijo continuara sonando como un Airbus. Ambos pidieron dinero para mudarse a una casa que estuviese muy cerca de un aeropuerto porque no era posible que continuasen molestando a sus vecinos.

De todas partes del mundo comenzaron a llegar donativos para que esta familia solucionase los múltiples problemas que les ocasionaba su criaturita. Los gobiernos más disímiles del orbe enviaron sus donativos. Hasta el Vaticano mandó su contribución y declaró que orarían para que el Niño Jet se convirtiera en un cohete de bien.

Y parece que las oraciones hicieron efecto…

El chico creció y comenzó a trabajar en Avensa como jefe del departamento de calibración digital de motores aeronáuticos. Sin embargo, como todos Uds. saben, la compañía quebró. El Niño Jet no se puso con remilgos. Pronto comenzó a trabajar en el circo de los hermanos Razzore, diseñando las piruetas de los trapecistas… Claro, ¿cómo no iba a hacerlo si la trapecista principal se convirtió primero en su novia y luego en su esposa? Entre ambos diseñaron una rutina que se convirtió en un éxito desde que comenzaron a llevarla a cabo: ella se lanzaba al vacío con los ojos vendados mientras él hacía ruidos de avión desde la cornisa más alta de la carpa. Durante cinco años el público miró a la mujer más bella del mundo saltando de un trapecio a otro y jugando al avión supersónico desde las alturas hasta que quedó embarazada y el trapecio se convirtió en plácida mecedora.

Hoy en día el Niño Jet maneja su propia compañía. Entre sus clientes se cuentan Airbus, McDonell Douglas y Boeing. Hoy está feliz porque muy pronto comenzará a trabajar para la NASA. Alguien lo recomendó para que trabajara en la remodelación de los motores del Endeavour.

La vida del Niño Jet no ha sido fácil, pero ha tenido sus compensaciones.