martes, septiembre 15, 2009

CINCO FANTASÍAS CROMÁTICAS Los músicos de sombra

Este término se utiliza para designar a esos músicos que aparecen acompañando a las estrellas invitadas que salen en los maratónicos adefesios que transmiten por televisión. Como es del conocimiento general, ninguna de las estrellas que pisa esos escenarios canta o toca una simple nota. Allí, en medio de esa tarima iluminada por la fastuosidad parpadeante de cientos de bombillos bailarines, los músicos se limitan a doblar una pista y a hacer morisquetas en imitación a los sonidos que emanan de las grabaciones. Los músicos de sombra no soplan ni tañen ni pulsan ni golpean; ellos son como mimos mudos puestos ahí para montar un paro y engañar a los ingenuos que se tragan el cuento de que los músicos de sombra tocan sus instrumentos.
Los usos de la música

Con la música pasan cosas extrañas, como el uso que de temas musicales famosos hacen los creativos publicitarios. Si no lo creen, traigan a su memoria la voz de Janis Joplin en un antiguo comercial de Arequipe Alpina… Arrancaba la cuña y veías a una mujer acostada estirándose feliz de la vida. En el fondo sonaba la versión de Summertime mientras uno se preguntaba qué diablos tenía que ver el arequipe con Janis Joplin y una mujer bella sumida en un largo bostezo.

Todavía hoy no damos con la respuesta.
Cuento de un taxista agradecido

Esta historia la hemos contado varias veces, pero como la memoria es porosa, aquí va otra vez.

Nuestro amigo Enrique Enríquez estaba parado en una esquina de la 5ta avenida de Nueva York. De repente, frente a él se detuvo un taxi en el que el chofer y el pasajero discutían con encono.
—Pero ¿cómo es posible que no me vaya a cobrar, si ése es su trabajo? ¿Usted está loco? —Preguntó el pasajero.
—No. Usted me ha regalado millones de momentos de felicidad. Así que yo no le puedo cobrar. Bájese del auto y váyase, por favor.

El pasajero terminó riéndose y estrechándole la mano al taxista.

Enrique comprendió el motivo de la querella, cuando se dio cuenta de que el pasajero en cuestión era Paul McCartney.
La eterna juventud

Ya es un lugar común ver a los rockeros negarse al paso del tiempo. Ahí está Mick Jagger, todo arrugado y todo abuelo, pavoneándose como un adolescente lleno de energías. ¿Cómo hará para aguantar el trajín?

No lo sé ni quiero saberlo.

Mick jagger anda por el mundo como si eso de ponerse viejo no fuera con él. Su oficio no se lo permite. Él es y será joven hasta que su cuerpo aguante, hasta que los Rolling Stones (que también están bien viejos) sean un negocio rentable.

Lo más loco del asunto es que en ese «estiramiento de la juventud» Mick Jagger no está sólo. Con él están Keith Richards, Steven Tyler, Gene Simmons y Angus Young. (¡Dios, cuánto vicio en tan pocas líneas!).

Quién sabe si en el futuro habrá un ancianato para estrellas de rock... Eso sería una belleza...


Otra vez la vejez

Si los rockeros se niegan a ponerse viejos, con los bluesistas pasa lo contrario. John Lee Hooker, Robert Johnson o Muddy Waters nunca se vistieron de quinceañeros.

Los cultores del blues parecen tipos pacíficos que ponen todo su esfuerzo en la música y no en la parafernalia (cree uno). Por eso es común verlos vestidos sobriamente con elegantes trajes y sombreros que no se quitan ni siquiera en el escenario.

Al ser un arte de la tristeza y de la melancolía, el blues no se solaza (al menos descaradamente) en el escándalo o en el espectáculo visual. Muy al contrario, el blues se basa en el sentimiento, en el dolor que viene de adentro, en lo rudo de una vida que sólo tiene en la música un consuelo o una palabra de ternura.

Con esos detalles, ¿quién no se va a poner chaqueta y corbata para cantar blues?