viernes, septiembre 25, 2009

ALFREDO ESCALANTE EN TRES CUENTOS La mentada de madre de Freddie Mercury

Cuando Queen vino a Venezuela, yo, Alfredo Escalante fui con las cámaras del canal 8 a cubrir el concierto.

Todo había salido muy bien durante los previos de la visita. Los horarios para la banda y para mi equipo cuadraron a la perfección. Cada cosa estaba en su sitio. Por eso pudimos entrevistar con comodidad a Brian May, a Roger Taylor, a John Deacon y a Freddie Mercury.

(Un detalle para la posteridad: Freddie Mercury usaba unos lentes Rayban iguales a los míos, pero rayados).

Las cosas marcharon muy bien hasta que un par de horas antes de la presentación en el Poliedro, volvimos con las cámaras a cuadrarlo todo para filmar el concierto. Como arreglamos las cosas temprano, decidimos hacer unas tomas del ensayo, y ahí fue cuando la nota discordante afloró como el humo de un cigarrillo.

Freddie Mercury estaba ensayando frente al piano. Recuerdo que se le oía tararear muy concentrado y con verdadera entrega Somebody to love.

Nosotros lo estábamos filmando y, como es normal, conversábamos sobre ciertos ajustes. En eso se voltea Freddie Mercury muy molesto, me mira, me señala y me dice: fuck you. Lo que en español se traduce exactamente como eso, como fuck you.


Los tres pantalones de Michael Anthony

Michael Anthony, el bajista de Van Halen, se enamoró de un pantalón que yo llevaba puesto el día en que lo entrevisté por primera vez. Luego, cada vez que nos veíamos, me preguntaba que dónde podía conseguir unos bluyines como ésos. Yo siempre le contestaba que en una tienda caraqueña que se llamaba Carnaby (como la famosa calle londinense), y que en algún momento libre que le dejaran sus ensayos, iríamos juntos a comprarlos.

Pasaron los días y, por supuesto, el momento libre no llegó. Michael Anthony cumplió con sus compromisos, pero no hubo chance de adquirir los fulanos pantalones. Por eso le dije que no se preocupara, que yo mismo se los llevaría a su habitación para que se fuera tranquilo y con la impresión de que los venezolanos somos una maravilla.

Esa misma tarde fui con mi esposa al centro comercial Chacaíto a comprarle su ropa a Michael Anthony. En realidad no le compré uno; le compré tres pantalones para que dejara el fastidio.

Al llegar a la habitación del hotel, Michael Anthony nos recibió con el rostro alegre y agradecido de quien sabe que le deben algo. Él vio la bolsa de Carnaby y supo de inmediato que allí estaban sus amados pantalones. Lo único malo fue que se puso a revolver su cartera para pagármelos. Yo, por supuesto, no acepté ni un sólo dólar por aquellos pantalones que fueron el único souvenir que de aquí se llevara el bajista norteamericano.

Sabrá Dios qué fue de la vida de aquellos bluyines.


La ceguera de Edgar Winter

Un día antes de su concierto en Caracas, fui al Poliedro a reunirme con Edgar Winter, el albino bluesista, el hermano de Johnny, el mismo de Tobacco road y de otros temas poderosos.

Yo no sabía que Edgar Winter tenía una ceguera tan severa galopándole en los ojos, y cuando nos presentaron, le pedí un autógrafo. El hombre tomó un lápiz y un papel y se inclinó ante mí hasta arrodillarse en el piso para poder acercarse al formato donde estamparía su rúbrica.

Después de ese raro episodio, Edgar Winter y yo conversamos muchas veces sobre el blues, la radio, las guitarras... Curioso fue que cuando se enteró de que yo usaría una capa para presentarlo a él en el escenario, mandó a llamar a uno de sus asistentes para que me prestaran la suya. Así fue como yo, Alfredo Escalante, salí a presentar a Edgar Winter con su capa que medía como dos metros de largo... Toda una experiencia.