lunes, agosto 10, 2009

¿Y TÚ QUÉ LLEVAS EN TU CARTERA? Fausto es el conserje del Conjunto Residencial Las Almenas. Como viene del dojo de karate, lleva puesto su kimono y unas Crocs negras. Se ve que el entrenamiento estuvo fuerte porque a cada instante bebe de un tambor de agua que se adivina helada.
—Fausto, ¿qué llevas en tu cartera?
—La cédula y mi tarjeta de débito.
—¿Y qué más?
—Un calendario.
—¿Un calendario con una mujer desnuda?
—No. Este año el barbero no regaló sus tradicionales calendarios con mujeres desnudas.
—¿Y eso?
—No sé. No le he preguntado.
—¿Qué más llevas en la cartera?
—Más nada. A mí no me gusta que mi cartera parezca una hallaca.

Magdalena, dueña de una próspera ferretería, nos cuenta qué lleva en la cartera.
—Yo llevo mi cédula de identidad. Es curioso: la cédula es el único documento que certifica que tú eres tú.
—Eso es así aquí, pero en Estados Unidos, el documento que te dice que tú eres tú, es la licencia de manejar.
—Claro porque allá tú eres alguien, sólo si tienes carro.
—Bueno, dejemos a un lado la ontología de los documentos… Cuéntame qué llevas en tu cartera.
—Mi cédula, una estampita de la Virgen del Carmen, mi Master Card, una libretica de teléfonos y un recibo de la tintorería.
—¿Ya? ¿Eso es todo?
—También se supone que llevo los reales, pero tú sabes…
—¿Y qué más?
—Bueno, llevo las fotos de cuando mis hijos eran unos bebés. Si pongo una foto de ellos tomada ahorita, hasta yo misma me asustaría.
—¿Por qué?
—Porque, imagínate… Ahorita ellos son unos tarajallos peludos con esposas y líos de gente adulta. Yo prefiero tenerlos en la cartera cuando eran unos bebés. Estoy esperando a que me den nietos para meter sus fotos en mi cartera.

Octavio es el dueño de Nebuloca 2001, un sólido negocio en el que se venden repuestos para hornos a gas.
—Yo quisiera llevar mucha plata en la cartera, pero está difícil... Lo que sí llevo es una paca de vouchers de tarjetas de débito y de crédito, una estampita de la Divina Pastora y un calendario.
—¿Y la cédula?
—La cédula la llevo en otra cartera junto con la American Express dorada.
—¿Tú tienes dos carteras?
—Sí.
—¿Y eso?
—Precaución. En la primera cartera tengo la tarjeta que está abarrotada de deudas. En la otra está la tarjeta que pasa en todas partes. Hay que ingeniárselas.

Oren tiene 32 años y es Licenciada en Letras. Su principal pasatiempo es jugar Guitar Hero con sus hijos.
—No. Yo no llevo fotos en la cartera. No me gusta.
—¿Por qué?
—Es que eso es una vaina prehistórica. La gente que pintaba en las paredes de las cuevas, debió creer que la pintura del bisonte era, a su vez, el bisonte. Lo mismo le pasa a la gente cuando mete las fotos de los hijos en la cartera... Quienes hacen eso, creen que las fotos son extensiones de los hijos. Así empiezan a hablarles y a decirles que los quieren mucho… La gente que habla con las fotos de sus hijos tiene problemas. Yo hago lo que sea por estar con ellos y besarlos y quererlos en vivo y directo; besar una foto es cosa de locos.
—¿Y qué llevas en tu cartera?
—La cédula, la licencia, la tarjeta de débito y la de los Cesta Tickets…
—¿No llevas un amuleto?
—Sí. Un billete de un dólar.
—Yo también llevo uno.
—Mira, ¿puedo decir algo para terminar esta entrevista?
—Sí, por supuesto. Lo que quieras.
—Es algo que quiero decir desde hace tiempo y no he encontrado dónde.
—Dilo.
—No sé por qué, pero siempre me ha parecido ridículo llamar «cuña» a tu cuñado.
—Eso es casi tan feo como llamar «Gabo» a García Márquez.
—Los que le dicen «Gabo», quieren dar la impresión de que jugaron metras con él. ¿No te parece?
—Totalmente.
—Es horrible.
—¿Tienes algo más que agregar?
—No. La verdad es que me siento satisfecha de haber dicho estas cosas en público.
—Me alegra.
—Muchas gracias.