domingo, agosto 23, 2009

BREVE CONVERSACIÓN SOBRE LITERATURA VENEZOLANA —¿Ves algo interesante en la literatura venezolana actual?
—Veo que se publica mucho, pero eso no quiere decir que tengamos un boom literario, como se ha querido pensar.

—¿Y entonces qué es lo que tenemos?
—Francamente no lo sé. Por un lado observamos a un público muy numeroso que se acerca a cierto tipo de libros (sobre todo ensayos y reportajes) para tratar de entender nuestro entorno. Por otro, vemos que los libros que más se venden (fuera de los best sellers internacionales) llevan las firmas de algunas «estrellas» de la radio y de la televisión. Que los libros más vendidos de los autores venezolanos sean los de Luis Chataing, Leonardo Padrón, Eli Bravo, Iván Losher y Daniela Bascopé, habla de que el público local los adquiere y los celebra porque los ve como una extensión del trabajo que esa gente hace a través de los micrófonos y de las pantallas de televisión, lo cual es triste porque significa que no nos relacionamos con los libros sin el apoyo de la farándula.

—¿Y eso te parece mal?
—Creo que sí, aunque sé que no se trata de un fenómeno exclusivo de Venezuela. En todas partes pasa lo mismo.

—¿Y dónde queda la literatura en todo esto?
—No lo sé. Y menos si tomamos en cuenta que los venezolanos preferimos la historia a la ficción.

—¿Y eso por qué?
—Quién sabe. Quizás sea porque la historia nos parece comprometida con la «verdad», mientras que la ficción nos parece puro invento. Una buena parte del público venezolano cree que los libros deben «dejar una enseñanza», que deben servir para el «progreso de los individuos», y nada de eso se logra, según su criterio, leyendo novelas y cuentos llenos de invenciones extrañas. Para ese tipo de lector, los libros de historia (o sobre la historia) son importantes porque le explican su presente. Pasarán muchos años antes de que esos lectores se den cuenta de que la epopeya ficticia de un conjunto de personajes también puede brindarle pautas para que ellos se entiendan a sí mismos.

—¿Qué opinas de la narrativa venezolana que se escribe en estos momentos?
—Que está muy bien, que es tan diversa y tan interesante como la de cualquier parte. Sin embargo, creo que deberíamos redefinir algunas cuestiones. Una de ellas tiene que ver con el concepto de «literatura venezolana». ¿Podemos decir a estas alturas que el panorama literario se divide según las fronteras de los países desde donde se escribe? Yo creo que no.

—Es la vieja diatriba sobre si, a la hora de escribir, Joseph Conrad era inglés o polaco.
—Exacto. Esa discusión es muy importante en una época como ésta, en la que hay un flujo de gente que va y viene de una frontera a otra. Al final los escritores escriben sobre sus respectivas maneras de ver el mundo, sobres sus problemas y sus afinidades, sobre sus preocupaciones y sus intereses. Aquella idea del escritor comprometido con su realidad y con su país se ha mitigado, entre otras razones porque su patria no es sólo aquélla donde nació. Su patria queda donde vive, trabaja, consigue lectores y tiene las condiciones para continuar desarrollando su obra. Así que la literatura venezolana, al igual que la literatura colombiana, argentina, peruana, española o brasileña, quizás no exista. Tan sólo existen escritores —islas individuales— que tratan de poner en blanco y negro sus ideas.

—¿Eres optimista?
—Sí, aunque no como flores ni idolatro a Roberto Bolaño ni a Enrique Vila Matas ni a ninguno de esos santones de la literatura contemporánea escrita en español.

—¿A quién idolatras?
—Me gustan las obras de muchos autores, pero la verdad es que no le prendo velas a ningún santón; me parece ridículo.