domingo, julio 05, 2009

SOPA DE LETRAS VOLUMEN CINCO V

En la puerta del edificio Dakota la gente se para y se toma fotos. Todo el mundo sabe que en ese punto exacto de la calle 72 con Central Park asesinaron a John Lennon.

¿Acaso no es pavoso convertir en lugar de peregrinación turística el sitio donde asesinaron a alguien? Claro, ustedes dirán y requetedirán que la víctima no era un señor desconocido, que era —¡ohhhh!— John Lennon.

Como si los muertos famosos importaran más que los otros muertos…

La humanidad está muy mal. Por eso cuando me dijeron que nos tomásemos una foto en la puerta del edificio Dakota, me negué rotundamente. A mí que me lleven al edificio donde nació John Lennon o al estudio donde dibujaba y componía sus canciones, o al cuarto donde se tomó fotos desnudo junto a Yoko Ono.

Eso sí: si Yoko anda por esos lares, que esté vestida, por favor… Porque no hay cámara ni público que resista otras fotos de Yoko Ono desnuda…

Dios nos libre.


W

Me gusta ver 24. Las aventuras de Jack Bauer son tan enredadas como entretenidas. Lo único malo es que uno queda agotado después de ver cada capítulo. Agotado y molesto… Es un fastidio tener que esperar una semana para ver qué hace o deja de hacer el atribulado Jack Bauer. Menos mal que existen opciones digitales y, a cambio de un poquito de paciencia (y de un buen servidor), puedes bajar los capítulos que quieras y verlos cuando te plazca. Eso sí, repetimos: ver 24 cansa. Uno suda tanto como Renee Walker o como cualquiera de esos agentes ficticios que luchan por mantener el orden y la paz.

Lo terrible de ver esta serie es percatarse de que el mundo es como 24, que detrás de cada malvado, hay tres o cuatro villanos más que, a su vez, están asociados a una organización secreta y poderosa que tiene tentáculos en todas partes, recursos inagotables, armas y pocos escrúpulos para llevar a cabo sus planes siniestros. Espanta ver que los amigos de Jack Bauer tienen dos y tres caras, que hoy te ayudan y mañana se te oponen con el mismo empeño.

Ver 24 es una lección para comprender que el mundo va más allá de lo aparente, y conste que uno puede aplicarle a la serie lo que ella misma nos enseña. De ese modo quizás podamos creer que los seres humanos no somos tan perversos, tan dúctiles ni tan volubles como aparecemos en 24.

Mejor cerremos la boca y mantengámonos en estado de alerta porque siempre hay un Doctor Hell tramando algún desastre…


X

Los paisajes que más me gustan de mi país son los del oeste margariteño. Esa sequedad, esa aspereza que acompaña a la tierra color naranja, tiene algo de marciana.

¡Cuánta belleza, cuánta serenidad hay en esos desiertos que rematan en Punta Arena!

No diré más. No sea que a alguien se le ocurra llenarlos de vallas o de quién sabe qué barbaridad contemporánea. Déjenlos como están, con sus tunas y sus piedras agrestes e inmutables.

Que el viento siga el curso que quiera por esas tierras ásperas. Yo siempre estaré contento de volver a ellas.


Y

¿Qué les pasa a los aviones? ¿Por qué han sucedido tantos accidentes aéreos en los últimos tiempos? ¿El aire se puso pesado o una nube de negligencia se apoderó del mundo?

Quién sabe, pero ya basta de tragedias aéreas.


Z

Si tu jefe te llama a su oficina un viernes a las dos de la tarde, escríbelo: te botará del trabajo.

Si tu jefe te llama un domingo por la tarde y te dice que quiere hablar contigo el lunes a las nueve en punto de la mañana, júralo: te botará del trabajo.

Si tu jefa te escribe para decirte que debes presentarte en la oficina del jefe de ella, júralo también: tu jefa no se presentará a la reunión y el jefe de ella te botará del trabajo.

Botar gente es un arte de lo más extraño.