domingo, julio 19, 2009

HUMO NOSTÁLGICO Quien ve películas viejas, ve una enorme chimenea. En ellas todo el mundo fuma: actrices, actores, extras, dobles, directores, productores… Hasta los animales que aparecían en pantalla eran fumadores pasivos. ¿Cuánto humo no habrá tragado Lassie?

Aparte de historias maravillosas y de actuaciones memorables, lo que vemos cuando vemos esas películas, es a Hollywood y a las compañías tabacaleras diciéndonos que fumar es una maravilla. Todavía a estas alturas, uno cree que si fumara como fumó Humphrey Bogart, uno adquirirá su personalidad de cuchillo.

Claro, esa estupidez se te pasa cuando recuerdas que Bogart murió de un cáncer espantoso en la garganta.

Cuánto dinero, cuánto esfuerzo, cuántas vidas, cuánto humo costó que la humanidad creyera que fumar era una maravilla para que, décadas después, los fumadores hayan sido expulsados a las calles o confinados a los rincones más miserables de la arquitectura universal.

En los aviones se podía fumar a pierna suelta. Hoy no se puede. Hasta te advierten que estarías violando una ley, si se te ocurre encerrarte en el baño a fumar escondido.

En el aeropuerto de Miami hay un mini-jardín que más que sala de fumadores, parece cenicero. El sitio es tan incómodo que la gente debe sentirse triste al darle rienda suelta a su vicio en un lugar tan exiguo. Lo extraño es que al pasar frente a ese fumadero, te da la sensación de que tú, que no fumas y que caminas por un espacio cerrado entre maletas y pasajeros apurados, eres el que está libre, mientras que el que fuma a la intemperie en ese micro espacio con árbol incluido es el que está encerrado.

Definitivamente la condena universal a la nicotina ha puesto patas arriba al mundo. Menos mal que, para equilibrar fuerzas, en Madrid hay bares en cuyas puertas cuelgan letreros directos e indubitables que rezan: «En este local se permite fumar a toda hora».

La verdad es que impresiona darse cuenta de que los recursos que se utilizaron para introducir en la gente la idea de que fumar era cool, son los mismos que se usan hoy en día para convencer a la gente de que fumar no es cool. Los recursos son los mismos; lo que cambia es el mensaje. Lo que era bueno antes, hoy no lo es.

Si querían una prueba de que la Tierra es un manicomio esférico, ahí tienen una.

Hace años no se obligaba a la gente a fumar como hoy en día se obliga a los fumadores a soplar humo al aire libre sin importar si hace frío o si llueve a cántaros. Ni siquiera en la calle pueden los fumadores estar tranquilos porque nunca falta el purista al que le molesta el vaho de un habano encendido a decenas de metros. Los fumadores de hoy podrían alegar que los marginan de ciertos locales y formar una de esas lloraderas que tanto agradan a los telenoticiarios y a los defensores de los derechos humanos. Sin embargo, no lo hacen porque la guerra contemporánea contra el tabaquismo utiliza la información científica como arma que demuestra el enlace directo entre el cigarrillo y la corrosión progresiva e irreversible de la salud.

Esa información hace que los fumadores se inhiban de encender la máquina del drama televisado y que se vayan con el rabo entre las piernas cuando los manden a la esquina a consumir su vida en cada cigarro.

Los fumadores de antes ignoraban que eran los mensajeros del enfisema. Los de hoy sí lo saben y por eso abren la boca sólo para expulsar sus dibujos de humo.

En resumen: fumar es un hábito mal visto y en decadencia.

Tal vez veamos las películas de antes no tanto para admirar a los astros del pasado como para recordar cómo era ser cool.

Y eso, en nuestro presente, no tiene precio.