domingo, junio 07, 2009

EL FALAFEL Y LAS TETAS Según el DRAE, «teta» es: «cada uno de los órganos glandulosos y salientes que los mamíferos tienen en número par y sirven en las hembras para la secreción de la leche». Así que «teta» no es palabra altisonante; es fuente perenne de alimento físico, de inquietud espiritual, de solaz, de deseo y de hormigas en la barriga.

Las tetas son ojos que hacen que te pierdas, hipnotizado, en su perfección. Cuando ves unas tetas (unas tetas de verdad, de esas que se imponen como fieras silenciosas), son ellas quienes te escrutan para ver si eres digno de ellas.

Antes de continuar hablando sobre tetas, sepan que las pecas en el pecho de una mujer son como un cielo lleno de estrellas, y tú, como un buen marinero, debes saber orientarte en ese cielo para llegar a tu destino, que son las tetas, por supuesto…

Pero volvamos a la circunspección.

Este país es inaudito. Te sientas, te comes un sándwich de faláfel y de repente aparecen unas tetas. Estás en el taller discutiendo con el mecánico sobre latonería y pintura y de pronto aparecen otras tetas. Miras a tu derecha, a tu izquierda, arriba, abajo, y siempre verás tetas. Uno trata de alejarse de ellas y no puede porque ellas siempre están ahí.

Sin embargo, no todo lo que brilla es teta. Es cierto que uno agradece este bombardeo de escotes, pero hay tetas de tetas, que lo digan las flacas que van adonde su cirujano plástico de confianza y se mandan a poner los tetones del siglo, como si la proporción entre sus pequeños huesecillos y su busto no importara a la hora de medir la elegancia femenina. Ojo (o teta, no me confundan): nunca faltará un pervertido que denueste del equilibrio físico para satisfacer sus gustos desbordados. Hay faunos a los que no les importa la mujer que viene pegada a las tetas que tanto admira.

¿Y qué decir de esas mujeres que se ponen unas tetas rocallosas que más que tetas parecen balcones? Esas tetas así (que son como de concreto armado) no se mueven, no tiemblan, no ríen, no se angustian, no lloran, no crepitan, no nada… Mucha gente se muere por ellas, las admiran, las idolatran, las bucean felices… Quizás sea porque no parecen humanas.

A la gente le encanta ir en contra de la naturaleza del cuerpo. Por eso se sienten incómodos con algunas tetas naturales. Muchas mujeres jóvenes ahorran para ponerse (o quitarse) tetas. Muchas mujeres maduras quieren arreglarse las tetas… Es como si en las tetas se concentrara un pedazo muy grande de la autoestima femenina… Y que conste: esa concentración es tan seria, que hoy en día (en pleno desastre económico mundial) los bancos de muchos países ofrecen planes de crédito para operarse las tetas.

Los sátiros del mundo vivimos felices. Entre mordisco y mordisco de faláfel vemos tetas por doquier, tetas que son prótesis físicas, pero también prótesis para una sensibilidad, que se siente más segura de sí misma con una talla más grande de sostén.

Lo que no saben (o no quieren saber) las mujeres que desean ponerse tetas, es que las tetas naturales tienen su encanto. No olviden que hay tetas de tetas y que a veces son preferibles unas chancleticas llevadas con gracia que unos tetones de ésos que acaban destruyendo columnas vertebrales… Claro, también hay tetas inescrupulosas que le llegan a las rodillas a su dueña, pero no estamos hablando de monstruos…

Y hablando de helicópteros, el otro día fuimos a una fiesta con nuestro pequeño hijo. En el momento de tumbar la piñata, mi esposa se me acercó muerta de la risa para decirme que pilló al papá del cumpleañero viéndole las tetas a la mamá de otro niñito. Yo le dije:
—Gran cosota. Yo llevo tres horas viéndoselas también.

Tetas, tetas… ¡Oh delirio! ¡Oh fascinación!