lunes, marzo 09, 2009

EL ÍDOLO DE LOS INTENSOS Acabo de terminar de leer esta novela y me resulta difícil precisar qué me pareció. Quizás me haya fastidiado la intensidad de los personajes, su predisposición a enredarse y a suicidarse (¡carajo, esa gente no masca para matarse!). El protagonista de la novela es un pusilánime. ¿Por qué los protagonistas de casi todas las grandes novelas son unos mequetrefes que no saben qué hacer con sus vidas? El de ésta es el colmo...

Murakami tiene un truco: te presenta situaciones y conversaciones que son más pesadas que un trasatlántico, pero sabe que tanta intensidad fastidia. Así que cuando estás empezando a aburrirte, Murakami introduce un cuento gracioso, la referencia a un plato de comida japonesa o a un disco. Cuando nada de eso es suficiente, te muestra una escena erótica. Si agarras este libro en una librería y por casualidad caes en una escena con tetas, culos, penetraciones y demás, ya sabes que antes de ella los personajes estaban hablando sobre la muerte, la vida, el vacío y sobre otro montón de necedades que los intensos juzgan profundas y "representativas de la condición humana". ¡Cómo si un estornudo, un peo o una sonrisa, no formaran también parte de lo humano!


Igual me gustó Tokio blues. Eso sí: no me convirtió en un fanático murakamista. Dios me libre. Si es por intensidad, prefiero la de los cuentos y novelas de Yukio Mishima.

Ése sí fue intenso y coño de madre de verdad.