domingo, marzo 22, 2009

AUTORRETRATO CON CACTUS Y FLORERO AMARILLO Hace años, imitando a Buñuel, hice una lista de las cosas que me gustan y que me disgustan. Hoy me gustaría actualizar esa relación de afinidades y desagrados que definen quién soy.

Me fascinan los discos de Bill Evans.

Me gusta el cuarto de libra de McDonalds.

Me gusta visitar lugares lejanos, pero detesto los aeropuertos y los aviones.

Me gustan los libros de Anagrama.
Me gustan las mujeres bellas y sexys, pero eso sí: que tengan caras de estúpidas (sí, es un comentario misógino, pero quiero que sepas que si no sabes poner cara de estúpida, jamás lograrás ser sexy).

Me gustan el queso manchego, el jamón serrano y la sobrasada, pero he renunciado a ellos (como quien renuncia a Satanás) porque el colesterol me va a matar.

No me gusta el reguetón; me parece el equivalente musical de la delincuencia.

Me disgustan el Facebook, los trencitos en las fiestas y todo aquello en lo que uno se vuelve manada en lugar de persona.

Me encantan los cactus, las palmeras y los árboles discretos.

Me fascinan las películas en blanco y negro.

Detesto a la gente que saca su Blackberry mientras conversa contigo y se pone a responder mensajitos de texto.

Me incomoda asistir a conferencias. Cuando voy, me disgusta hasta el infinito el momento en que se le ofrece el micrófono al público para que haga sus preguntas. Nunca falta el sujeto cuya pregunta es una larga disertación que ya incluye la respuesta.

Odio a los conjuntos musicales venezolanos que incluyen una flauta entre sus instrumentos. ¡Detesto a la flauta en la música venezolana! ¡Ya está bueno de flauta!

Me gusta oír música a todo volumen.

Me gustan los discos de Judas Priest. Gracias a los discos de Iron Maiden nunca he sido comunista ni nada que se le parezca.

Me fastidian Fito Páez, Andrés Calamaro, Charlie García, Gustavo Cerati y todos esos cantantes narizones. ¡Qué curioso: el único de esos cantantes sureños que no es narizón, es Jorge Drexler! ¡Y es otorrinolaringólogo!

Me encantan el batido de mango y las franelas Ovejita.

Me fascinan los libros de Adolfo Bioy Casares, en especial La invención de Morel,
Plan de evasión y Dormir al sol.

Detesto ir a esas tiendas donde un letrero pegado en la puerta te anuncia que a la salida «visualizarán» el contenido de bolsos y carteras. ¡Caramba! ¿Por qué «visualizar» en lugar de «revisar»? ¿Por qué los ignorantes son tan rebuscados?

Me fastidian los fanáticos del béisbol, del fútbol, de cualquier religión o ideología. Yo sólo quiero vivir en paz.

Me molestan los sujetos que tienen una discoteca en la cabeza y viven para la rumba.

Me molesta vivir en sitios enrejados, llenos de cámaras y de garitas con guardias que soban escopetas. Uno no está preso y vive, tal cual, como en una cárcel.

Me gusta el chocolate, pero me da pedorrera.

Detesto los pisos de cerámica; prefiero los de granito.

Me molestan el frío y el calor en exceso.

Me encanta el Museo del Prado.

Detesto leer parado, escribir a lápiz y no tener Internet (señores de Intercable, su displicencia hacia sus clientes es indescriptible).

Odio tener que cambiar la clave de mi tarjeta a cada rato. Una vez más estamos ante una prueba de que el mundo es de los malandros.

Me gusta leer acostado, ver televisión hasta tarde y tomar café antes de cepillarme los dientes por la mañana.

Me fastidia la lluvia.

Me gustan los áridos y solitarios paisajes margariteños.

Abomino de ir a tascas, restaurantes y bares que tengan luces de neón. Uno se siente bebiendo en un salón de clases.

Me incomodan los padres que les piden a los peluqueros que les hagan un corte de totuma a sus hijos.

Detesto los bancos, las salas de espera de las clínicas…

Detesto a los metiches y a los vendedores babosos.