miércoles, enero 07, 2009

AIRE ACONDICIONADO

El aire acondicionado es uno de los grandes inventos de la humanidad; que lo digan quienes, a esta hora, duermen en Cabimas, Ciudad Ojeda, Puerto Ordaz, Maracaibo o Maturín…

El calor embrutece. Las células de nuestros débiles organismos no pueden con las altas temperaturas; se postran, se lentifican, se alelan, de derriten. No hay poder que te abstraiga del calor. Somos uno con el ambiente; formamos parte de él. Si el sol aprieta, sufres; tu piel comienza a arder, tus neuronas se aflojan, pierden su agilidad habitual para trabajar en cuestiones importantes. Por eso el aire acondicionado es tan necesario. Nadie aprende nociones elementales de trigonometría en medio de un vaporón.

Es horrible oír hablar de Crimen y castigo o de cualquier otra maravilla literaria en medio de un salón de clases en el que el aire casi se pone en llamas. Es inútil tratar de concentrarse mientras uno se achicharra. El cerebro se cierra. Por eso hay tanto bruto en nuestro país. Por eso hay tanta gente impermeable al saber… El calor en las aulas de las escuelas y de los liceos venezolanos genera algo, quizás una marca indeleble, en la mentalidad de muchas personas. Sus espíritus terminan fritos. Por eso cada vez que oyen hablar de Doña Bárbara o de El pasajero de Truman, comienzan a sudar.

Visto así, el aire acondicionado no es apenas un refrescador de ambientes; es un recurso que sirve para facilitar la transmisión del conocimiento. Por tanto, no está bien que sigamos viendo a estos aparatos con ojos indiferentes o como si fueran máquinas expelidas de la fábrica universal de las frivolidades.

Al aire acondicionado le sobran los detractores. Unos dirán que, por mantenerlo encendido mucho tiempo, la cuenta de la electricidad aumentará a niveles astronómicos. Otros se aferrarán a que es antiecológico, que su uso enfría el aire de una habitación, pero estimula el calentamiento global. No faltará quien abogue por la ventilación natural, por el uso de las viejas y nobles ventanas o por la belleza de los muros calados… Es muy probable que quienes denigran del aire acondicionado tengan razón (aunque no se pueden dejar las ventanas abiertas porque se te meten los ladrones y los zancudos en tu casa). Sin embargo, no hay nada como dormir arrullado por el ronroneo de una de estas máquinas… Uno entra en alfa con ese sonido. Tu sueño se desliza feliz por la línea monótona y perfecta de ese motor que enfría el aire. No te despiertas sino hasta la mañana, arropado, feliz, contento… La línea sonora que te llevó de la noche al día, es la misma que separa el calor del frío, la brutalidad de la inteligencia.

Los nuevos «mini-splits» no hacen ningún ruido. Es muy probable que la próxima generación de usuarios de aires acondicionados no sepa lo que es dormir con ese delicioso ruido de fondo y con esos momentáneos estremecimientos que tienen estos aparatos cuando llevan mucho tiempo encendidos… Es como si suspiraran o como si alguien les apretara el cloche y aumentara o redujera su velocidad.

Ya estoy delirando…

El aire acondicionado crea atmósferas maravillosas. Aunque nunca faltan los fanáticos que ponen a congelar ambientes porque sí, porque les da la gana, como sucede en los autobuses ejecutivos… Ahí uno viaja congelado y a oscuras. Si dices algo, te dicen que es política de la empresa poner el termostato en «modo Polo Norte» y listo: a titiritar a tu asiento o a otra línea de autobuses.

Llévate una cobija del Hombre Araña para que no te congeles.

En cuestión de temperatura (como en todo en esta vida), los extremos enferman… Igual hay que dar gracias por la invención del aire acondicionado.

Y que a los ecologistas se los coman los zancudos…