miércoles, abril 30, 2008

La distopía eléctrica de ayer impidió nuestro encuentro. Igual, a través de esta vía, les envío un fuerte abrazo. Y ¡luz para todos!

domingo, abril 20, 2008

EL SISTEMA ZERPA Carlos Zerpa es uno de los artistas venezolanos más reconocidos y más inquietos. Su obra nunca se ha limitado al dibujo, a la pintura, a la escultura, al collage, al ensamblaje, a la instalación o al performance. Nadie podrá decir con propiedad que Carlos es un pintor a secas, o un escultor a secas, o un performer a secas… Carlos es todo eso y más porque siempre ha expandido su capacidad creadora hacia varios lenguajes, incluidos el de las artes marciales, el del cine súper ocho, el del video, el del cómic, el de los piercings, el de los tatuajes, el del body art y el de los blogs (si no lo creen, entren AQUÍ).

Carlos Zerpa es de esos raros artistas que abren caminos. Cada una de sus obras no sólo cumple a cabalidad con las reglas de los materiales con los que se expresa, sino que extiende las fronteras de cada uno hacia territorios inusitados. Por eso él y su obra se mantienen jóvenes y vigentes. Por eso las nuevas generaciones de artistas ven en él un punto de referencia. Por eso, a pesar del disparate histórico en el que nos hallamos sumidos, él y su trabajo permanecen firmes y dignos, influyendo a las nuevas generaciones y mostrándole infinidad de caminos por los que pueden conducir sus creaciones.

Podríamos pasar horas hablando sobre los múltiples caminos que ha abierto Carlos Zerpa en el arte venezolano. Podríamos hablar de sus performances, de sus vitrinas, de sus pinturas con imágenes del Santo y Bruce Lee, de su pasión por los cuchillos y por coleccionar los más extraños objetos. Sin embargo, en este instante nos dedicaremos a hablar de aquellos rasgos que están presentes a lo largo y ancho del proyecto de este gran artista.

Todo en el trabajo de Carlos hay que leerlo en segunda potencia, como entendiendo que sus obras no hacen referencia a la realidad de los animales, de los bodegones barrocos o de las botellas de Morandi. Todas las imágenes que produce remiten a otras imágenes de consumo masivo, a portadas de discos, a superhéroes, a anuncios publicitarios, a estampas religiosas y a obras de otros artistas. Carlos no trabaja como aquéllos que se rompen el seso por entender la anatomía y las proporciones de un coyote. A él le preocupan las imágenes que ya existen, que fueron procesadas y que ya tienen años rodando entre las gentes del mundo entero. Tomen ustedes cualquiera de sus pinturas y verán cómo la intención con la que fue hecha es igual a la del carajito que utiliza sus creyones para dibujar a Ultramán o al Hombre Araña. Es allí de donde brota ese sabor a contemporaneidad que caracteriza todo lo que hace nuestro amigo.
A esa premisa le podemos sumar otra que tiene que ver con el humor, con la presentación de imágenes desmesuradas y contundentes que además de conmovernos por su factura, nos voltean el cerebro al estar conformadas por una combinación de ideas, de motivos o significados que tú nunca te habías imaginado. ¿Quién no recuerda aquel ensamblaje hecho a partir de una silla gris de oficina a la que Carlos le pegó cohetes y ametralladoras de plástico, y que cuando tú la veías, sentías que estabas viendo un F-16? ¿Cómo olvidar aquella serie llamada «Hard Rock Hotel» en la que aparecían decenas y decenas de zancudos pegados con cinta adhesiva en unas impecables hojas de papel Fabriano?

Convertir una silla en un avión de combate es un acto humorístico, pero también un milagro… ¡Y lograr un dibujo abstracto con los cadáveres de cientos de zancudos aplastados ni se diga!El humor en la obra de Zerpa es un tema fascinante y complejo que trasciende el anecdotario de las imágenes con las que trabaja. Sus obras no sólo son graciosas porque la risa —de él y de nosotros— forme parte de su proyecto artístico, sino porque hay un desparpajo particular (y muchas veces desmesurado) en la combinación de las técnicas y de los materiales que utiliza.

Todos hemos visto que Carlos no le tiene miedo a pegarle lentejuelas a sus pinturas, a intervenir fotografías, a pintar de colores chillones a un maniquí, a hacer un ala, como de ángel, con cuchillos bien afilados… Los materiales no se le resisten. Cualquier objeto que caiga en sus manos, puede transformarse en una obra de arte. He ahí la fuente de poder de su creación: el humor.
Como a Carlos no se le resisten los materiales y como a él no le interesa pisar los frenos conceptuales, a veces los límites de sus creaciones se difuminan, para bien de la humanidad. Así tenemos que en sus pinturas abundan las líneas; que en sus esculturas no faltan las pinceladas de colores; que en sus dibujos aparecen objetos pegados como en los ensamblajes; que en sus performances y películas surgen las mismas imágenes y los mismos motivos que aparecen en sus acrílicos de gran formato, lo cual nos demuestra que su obra tiene una organización y que, aunque no lo parezca, constituye todo un sistema. El sistema Zerpa.Una vez, en Corpbanca para una exposición que se llamó 13 instrumentos de dibujo, Carlos presentó un performance que dejó boquiabierto a quien escribe estas líneas. En un momento de su show, él se ponía la máscara de El Santo, se colocaba unos guantes quirúrgicos a los que bañaba en alcohol y luego los encendía… Aquella imagen no sólo era fuerte y hermosa porque nos traía al presente a nuestros héroes infantiles, sino porque Carlos creó frente a todos los presentes un cuadro vivo, con las mismas imágenes que aparecen en sus pinturas y dibujos… El Santo con las manos ardiendo en llamas y lanzando golpes al aire, ahí, en vivo, fue otro milagro poderoso.

Detrás del sistema Zerpa se encuentra una voluntad que le da coherencia al gran poder de creación que tiene nuestro amigo. Esa voluntad cuestiona de manera constante (y sin necedades) aquello que le da vida a las grandes obras… Señoras y señores, las grandes obras no son grandes porque estén perfectamente dibujadas o porque sus colores permanezcan en un equilibro extraordinario. Las grandes obras son grandes porque fueron hechas con el deseo de abrirle un boquete a la vida de la gente, un boquete por el que se cuelen sus terrores, sus sonrisas, sus odios, sus manías… Por eso, sería interesante culminar esta reflexión con unas palabras que pronunció el propio Zerpa y que explican muy bien el centro de ese sistema que tanto admiramos:
«…Yo soy muy reflexivo. Pienso mucho en toda la parte conceptual, en la resolución, en el equilibrio de un cuadro. Después lo que viene es un enfrentamiento con la tela o con los objetos, un enfrentamiento que yo ejecuto muy rápido. Me paro frente a la tela y comienzo a hacer trazos, trazos que cuando veo que están muy preciosistas, los ejecuto con la mano izquierda para que no sean tan bonitos…

…En el arte se tiende mucho a la perfección, a la cosa acabada (que por cierto vende más), y eso no me interesa. No me interesa ser complaciente… Yo creo que tu mano a veces te traiciona. La mano sin querer se va educando; la pincelada, cuánta carga de pintura necesitas para hacer una línea de tal tipo, qué tipo de pincel es mejor para tal cosa… Entonces si eso no es lo que quieres, mejor es cambiar de mano, o botar los pinceles y pintar con los dedos…».

Carlos Zerpa siempre va adelante, mucho más adelante… Y sigue adelante.

Muchas gracias.

Este ensayo fue leído el 6 de abril de 2008 en el Gabinete de Dibujo y Estampa de la ciudad de Valencia. El próximo domingo 27 de abril, a las 11 am, Carlos Zerpa inaugurará su exposición en la galería Ascaso que queda en la avenida Orinoco de Las Mercedes, en Caracas.

CARLOS ZERPA Y LA GALERÍA ASCASO PRESENTAN

jueves, abril 17, 2008

LA METAMORFOSIS DEL CARTERO En la tarde de ayer un hombre de cuarenta y tres años de edad decidió dormir una siesta en el zoológico de El Pinar y, al despertarse dos horas después, se vio a sí mismo convertido en un centauro.

Ovidio Roberts es cartero de profesión y, en el día de ayer, fue a entregar una correspondencia en el departamento veterinario del mencionado zoológico. Después que hizo su trabajo, Ovidio Roberts decidió acostarse a descansar y cuál sería su sorpresa cuando se despertó…

Ovidio Roberts se despertó convertido en caballo de la cintura para abajo. Al principio se sintió un poco sorprendido por la situación, pero pronto se dio cuenta de que, para su profesión, ser centauro no está nada mal.

Así que si oyes unos cascos de caballo que vienen hacia ti, no te asustes, es probable que el cartero-centauro te traiga tu correspondencia.

lunes, abril 14, 2008

EL ODIO MANEJA MAL
En la mañana de hoy los motorizados caraqueños experimentaron por primera vez lo que sienten los conductores cuando, por mala suerte, un carro y una moto chocan y miles de motorizados rodean el lugar del hecho. Hace una semana se constituyó en Caracas, la Asociación de Hijosdeputascoñosdesusmadresmamagüevosymaricossucios al Volante, un ente que pretende defender los derechos de los conductores cuando se ven agredidos por buhoneros, peatones inconscientes y motorizados agresivos.

Hoy, como cosa rara, por primera vez la Asociación de Hijosdeputascoñosdesusmadresmamagüevosymaricossucios al Volante actuó en un choque que ocurrió en la avenida Las Guanábanas de La Florida, entre una moto y un Hyunday.

Hasta hoy lo que ocurría cuando se daba uno de estos accidentes era que miles de motorizados rodeaban la escena del choque para apoyar a su colega, así fuera él el que produjo el siniestro. De esa manera los conductores se sentían amenazados y evitaban tomar acciones contra el motorizado. Sin embargo, ha habido un cambio en ese tipo de comportamientos. En el choque ocurrido en La Florida en el día de hoy, el motorizado no tuvo tiempo de esperar la solidaridad de los demás motorizados porque, de inmediato, los conductores de los otros autos se detuvieron alrededor del choque para demostrar su solidaridad con el conductor del Hyunday.

De ese modo, el motorizado tuvo que irse con el rabo entre las piernas.
Señoras y señores, sabemos que los motorizados tienen que trabajar y que son piezas muy importantes dentro del aparato productivo nacional, pero la verdad es que manejan como unos malparidoscoñosdesusmadreshijosdeputas, te pasan por la derecha, te pegan el manubrio y te parten el espejo…

¡Tengan decencia al volante!

viernes, abril 11, 2008

11 /04/2002 - 11 /04/2008
El monstruo que lleva años azotando a las regiones equinocciales aún no ha sido puesto a las órdenes de la justicia. Dicho monstruo ha mentido, destruido, disuelto y reventado todo cuanto se ha cruzado en su camino en las regiones equinocciales.

Seamos pacientes. los monstruos de sal se disuelven poco a poco.

miércoles, abril 09, 2008

LA MAMI DEL KILÓMETRO CINCUENTA Y SIETE Esa tarde Betulio había llegado hambriento. En el Parador Bravo Bueno hacían el mejor pernil del mundo y el compadre Gustavito tenía las cervezas más heladas de la galaxia.

Después de despacharse tres arepas sin piedad, comenzó a intercambiar cuentos con su amigo.
—Compadre, ¿cómo ha estado ese viaje? —dijo Gustavito, un hombre de edad madura con la barriga tensa como un tambor.
—Bien. Lo único fastidioso es que he tenido que venirme a sesenta durante todo el camino.
—¿Y cómo hace usted para manejar desde tan lejos a esa velocidad?
—Bueno, miro por la ventana, pongo mis discos de reguetón, veo por la ventana, hago apuestas conmigo mismo a ver si el tarado que me acaba de pasar por la derecha se voltea... Si todo eso falla, me pongo a pensar en los arreglos que quiero hacerle a la casa.
—Compadre, mosca con esa pensadera porque se va a quedar dormido…
—No. Yo tengo un método infalible para no quedarme dormido: me meto un CD con todo y caja en la boca.
—¿Cómo es eso, compadre? ¿Usted está loco?
—Cuando me estoy quedando dormido, trac, muerdo el plástico y me despierto.

Los dos amigos hicieron una pausa para chocar las botellas en el aire.

—Compadre, ¿y a usted no le han pasado cosas sobrenaturales?
—Bueno, una vez, unos tipos enmascarados quisieron bajarme del camión, pero cuando vieron que yo lo que llevo es veneno puro, me dejaron seguir.
—No, no me refiero a eso, compadre. Lo que pasa es que en estos días vino para acá Totoño, el ahijado de mi mujer. Él hace viajes así como usted. Un día, dice que se paró cerca de un peaje y colgó la hamaca debajo de su camión. Quería echar un pestañazo porque llevaba muchas horas trabajando y ya era de madrugada. Tenía un rato dormido cuando sintió un ruido raro y, al abrir los ojos, vio a una mujer vestida de blanco con los ojos pelados y la cabellera negra que le preguntó si podía darle la cola al kilómetro cincuenta y siete.
—Ave María Purísima, ¿quién sería esa dama?
—No sé, pero Totoño dijo «paticas pa’ qué te tengo», se paró de la hamaca y salió corriendo directo al peaje.
—Ese hombre está loco. Pase lo que pase uno no debe abandonar el camión. ¿Y si la dama en cuestión no era fantasma, sino una ladrona disfrazada?
—Yo no sé. Totoño salió disparado al peaje y cuando se encontró a un guardia haciendo su ronda, le echó el cuento. El guardia se le quedó mirando un momento y le dijo: «acabas de ver a la Mami del kilómetro cincuenta y siete. Menos mal que no le diste la cola porque, si se la dabas, ibas a parar en un barranco con todo y camión».
—¡Santo Dios! ¿Y qué hizo Totoño?
—Nada. Se hizo el loco y se quedó en el peaje fumando con el guardia hasta que amaneció. Luego se fue hasta donde había dejado el camión, se montó y arrancó lo más rápido que pudo… ¿Quiere otra cervecita, compadre?
—Sí, claro. Después de un cuento como ése, lo menos que puede hacer uno es beberse otra.

Los dos amigos continuaron intercambiando historias de aparecidos. Betulio contó un cuento protagonizado por unos hombrecitos verdes que se le aparecían a un compañero de faena. Gustavo habló de un carro negro al que la policía siempre encontraba al lado de una capilla que está en el kilómetro ciento cuarenta y cinco de la Autopista del Centro.
—Sí, compadre. Cada vez que sus dueños actuales ponen la denuncia, la policía va a una capilla que está en el kilómetro ciento cuarenta y cinco y ahí está el carro estacionado al lado de su dueño.
—Gustavito, no me cuente esas cosas, que se me pone la piel de gallina.

Después de tomarse la del estribo tres o cuatro veces, Betulio se despidió de su amigote, se montó en su gandola y siguió su camino con un disco metido en la boca, no fuera que se le aparecieran la Mami del kilómetro cincuenta y siete, el carro fantasma, los zombis de la cuneta o cualquier otro ectoplasma vial.

viernes, abril 04, 2008

EL MUSEO NACIONAL DE LA CAPUCHA En el día de hoy fue inaugurado con bombos y platillos el Museo Nacional de la Capucha. Quien visite la enorme exposición se encontrará con una muestra de lo mejor del arte del encapuchado venezolano.El visitante verá una colección de novecientas veintitrés fotografías en las que aparecen los encapuchados venezolanos desde 1830 hasta nuestros días. También verá fotos de cuando los encapuchados de su época tumbaron la estatua de Antonio Guzmán Blanco a la que llamaban cariñosamente «El manganzón», y que estaba apostada en la entrada de la Universidad Central de Venezuela.El visitante verá además una colección de capuchas de camisas rotas de liceístas, de piedras, palos, perdigones, tobos de gasolina, bombas molotov, cauchos quemados, cascos y escudos de la policía. Asimismo, quien visite la exposición del Museo Nacional de la Capucha, se encontrará con un autobús quemado en 1974 y con un camión de chicle de 1986, calcinados frente a la entrada de la Universidad Central de Venezuela.Ven al Museo Nacional de la Capucha. Visita tu museo y llénate de cultura porque «Benesuela ahora es de todos».

martes, abril 01, 2008

LAS MOLESTIAS QUE ACABAN CON LA CONCENTRACIÓN Imaginemos que queremos concentrarnos para estudiar, para escribir un documento, para hacer un trabajo importante y, de pronto, surge algo que nos distrae. En esta oportunidad nos referiremos a esos eventos desafortunados que impiden que nos concentremos como es debido.

Antes de comenzar, recuerden que cada molestia es un atentado contra los reales que nos vamos a ganar…

Es de noche y estás escribiendo en tu computadora. De pronto, una hormiga voladora o cualquier otro insecto se para en la pantalla. Tú la espantas y ella vuelve a pararse ahí, una y otra vez.

Los zancudos son enemigos de los estudiantes, de los escritores y de todo aquel que quiera concentrarse en algo.

Contra los zancudos lo mejor que hay es un ventilador.

El ventilador acaba con dos factores de distracción: los zancudos y el calor... Recuerden que el calor no sólo distrae; también embrutece.

Los cornetazos.

Las motos Harley Davidson que pasan una y otra vez por tu calle.

Las sirenas de los bomberos.

El árabe que toca el timbre de tu casa para venderte manteles, sábanas y explosivos.

Los que se equivocan marcando un número telefónico y el azar hace que el número equivocado sea precisamente el tuyo.

Los miembros de cualquier compañía que llaman para tu casa para venderte algo o para hacerte una encuesta.

Los niñitos llorones. Quienes tienen hijos saben que no hay nada que atente más contra la concentración que un carajito.

Una manifestación.

Una mamá o una tía que, como te ven frente a la computadora, creen que estás jugando y por eso van y te cuentan chismes de los vecinos o de cualquier persona que a ti no te interesa.

Los amigotes que te llaman para invitarte a salir de rumba.

Los discos de salsa de tu papá.

Que alguien tenga un televisor a todo volumen en el cuarto de al lado.

Que alguien esté pegando gritos en el apartamento de al lado.

Que tú estés trabajando, mientras tienes a un obrero pintando tu casa o a un plomero arreglando el tubo de la poceta.

Que a cada rato venga la señora de servicio a preguntarte si prefieres arroz o puré con las milanesas.

Que alguien esté fumando cerca. No hay nada peor que el olor a humo.

Que se prenda una alarma.

Los panas que aparecen en el messenger.

Las visitas que te dicen: “no te preocupes por mí, tú sigue trabajando mientras yo espero a tu hermana”.

Tener hambre.

Tener que leer unos documentos y hacerlo en un autobús.

No hay nada más difícil que concentrarse en un autobús.

Dormirse.

Comer pesado.

Cuando comes garbanzos y luego tratas de concentrarte, por lo general, te quedas dormido (o al borde de un derrame cerebral).

Que el aire acondicionado haga ruido.

Que tu suegra esté en tu casa.

Que a tu computadora se le eche a perder una tecla.

Que se vaya la luz.

Que se vaya el agua.

Que aparezca una rata en la sala de tu casa.

Que te digan que no te pagarán hoy, sino el otro viernes.