lunes, diciembre 22, 2008

EL SUEÑO DE SU MARIDO
¿Qué le pasa a la gente en este país? ¿Cómo es posible que siga apoyando a unos gobernantes que no trabajan en lo que deben trabajar? ¿Cómo es posible que no haga ni diga nada ante el basurero infecto que abunda en las calles y avenidas de una ciudad como Caracas? ¿Será que a esa gente le parece bien vivir entre escombros y montañas de basura? ¿Le fascinará vivir entre olores que se solidifican en nuestras narices? Parece que sí...

Ese SÍ por respuesta deja ver a todas luces su perversidad.

Ese SÍ es el SÍ de la reenmienda; el SÍ para la reelección del jefe del caos; el SÍ para mantener en el poder al capo de los que han convertido a este país en un oprobio. Ese SÍ es la aceptación de la barbarie. Es la respuesta del que prefiere vivir entre aguas putrefactas con tal de seguir recibiendo una beca, una limosna, un sueldo que erosiona la dignidad porque no supone la retribución a un trabajo realizado. También es el SÍ de los que escogen vivir en el desorden casi absoluto con tal de hacer negocios de brillo abundante e inmediato (como el de la maleta).

Ese SÍ es el SÍ del horror. El SÍ de los que no tienen cómo defender lo que defienden y apelan al argumento del amor, como si estuvieran defendiendo a un marido o a alguien por el que se siente un amor infinito.

Sigan cultivando su enfermiza adicción a ese hombre mentiroso, déjenlo violar (más) las leyes, ayúdenlo a crear el simulacro de una reelección para que se quede años en el poder. Mientras tanto no se quejen si a sus hijos o a ustedes mismos les vacían una pistola después de quitarles el carro, los zapatos, un reloj o una bolsa de mercado. No se quejen si mientras le dan rienda suelta a ese amor espurio, las ruedas de la economía giran en contra de todos nosotros, triturándonos y llevándonos a comernos los unos a los otros.

Ese SÍ es el SÍ de los que resumen su vida al discurso lleno de incisos de su amado; es el SÍ del anís y de la franela roja, el de las pancartas gigantes, el de las mentiras cada vez más grotescas, el de los cohetones a las seis y media de la mañana, el de la manutención de malvivientes nacionales e internacionales, el de los huecos donde caben mares, el de las cadenas de radio y televisión para condecorar sinvergüenzas.

Ese SÍ es el SÍ de los que usan a simón bolívar (así, en minúsculas) cuando no tienen argumentos para explicar por qué falta dinero en las arcas, por qué los que deben gobernar desde donde deben gobernar están en lugares ignotos y no en sus oficinas. Ese SÍ es el SÍ de los que «hablan» alzando palos, piedras, escopetas, pistolas, ametralladoras, capuchas y quién sabe qué otros instrumentos de paz. Ese SÍ es el SÍ de los que prohiben, restringen y aboban todo lo que les parece adverso.

El SÍ del que hablamos tiene fe en la invencibilidad de su propio poder, ignora todo sobre la humildad y basa su mensaje de odio en sofismas peligrosos llenos de xenofobia y racismo. Para los embajadores de ese SÍ, no hay pobres malos ni ricos buenos; ven la vida en blanco y negro, hablan de la guerra como quien habla de un juego de niños.

Ese SÍ es barbarie, miseria, violencia, abuso, degradación moral... Los que lo repiten creen que el mundo es del tamaño de sus respectivas cabezas. Por eso suponen que a los demás (a los que vemos en la re-reforma disfrazada de enmienda una soberbia ilegalidad) nos debe parecer bien que su marido sea el supremo hasta que a él le dé la gana. Pero se equivocan si creen que no nos moveremos o que nos sentimos disminuidos por sus tarantines callejeros, sus bombardeos matutinos de fuegos artificiales, sus vendimias de viandas o su repartición disoluta de favores y amenazas.

Ahí estaremos dispuestos (otra vez) a arruinarle a su marido el sueño de perpetuarse en el poder... Y a ustedes, por supuesto.