domingo, diciembre 28, 2008

CARTA DE AGRADECIMIENTO Desde hace días me cuesta escribir. No sé qué pasa, pero las ideas que se me ocurren no son muy buenas que digamos. Son raras, no tienen mucha flexibilidad, no se prestan para la narrativa… Lo que se me viene a la mente quizás funcione en otras disciplinas; tal vez en el dibujo o en el gratísimo arte de la conversación. Quién sabe.

Hace una semana vi la entrevista que Charlie Rose le hizo a Francesco Clemente. Ahí el artista italiano hablaba sobre sus pinturas, sus dibujos, sus viajes a la India y demás. Entre las tantas maravillas que dijo, hubo una que tomo al pie de la letra para capear este temporal de cerebro seco. Clemente afirmó, sin que le titubeara la voz, que el arte es más una cuestión de aceptar que de saber, y tiene razón. A veces lo que escribes o lo que dibujas «sale así» porque sí y ya. Por más que borres, quites, pongas o arregles, al final siempre te toca aceptar o no que tu pequeña obra sea como es y listo. Si no te gusta, o no la aceptas, pues no pasa nada; la lanzas a la basura y comienzas otra.

En el caso de un artista, «aceptar» implica ser humilde, pero a la vez exigente y sincero consigo mismo. Aceptas que no controlas todo el proceso, que a veces las imágenes que dibujas, o las historias que cuentas, son como son porque sí y tú no puedes hacer mayor cosa por «mejorarlas» o por hacerlas más agradables al gusto del público. Eso no significa que debes soportar tu propia medianía ni tus propias inconsistencias. Si vas a dibujar, debes hacerlo poniendo todo el corazón y todo el conocimiento en eso que estás dibujando. Lo mismo si vas a escribir un cuento o una crónica como ésta que estás leyendo. La mediocridad siempre es imperdonable.

Hoy me toca aceptar que en estos días me cuesta escribir. Debe ser que estoy cansado, que llevo meses sin tomar vacaciones, que ya he contado muchas historias en ésta y en otras páginas, que ya es hora de pasar horas echado en una cama, retozando y durmiendo siestas monumentales. A veces, quedarse quieto es la mejor manera de ayudar a tu propio trabajo. Mientras una parte de ti se refocila en las sábanas, otra recóndita y más que secreta cuece nuevas y sofisticadas ideas que verán la luz en un futuro cercano.

Eso es lo grande de ser artista: siempre tienes esperanzas. Aún en días como éstos, en los que la mente luce yerma y llena de monos encorvados, tienes fe en lo que haces y en la capacidad de tu espíritu para trasmutar tu vida en más cuentos, en más dibujos, en más ideas que deleitarán a tus amigos y a la gente que, aunque no te conozca en persona, sigue lo que haces.

Ya vendrán tiempos mejores. Las historias y las imágenes que me esperan en el futuro serán mucho más afiladas que las que les he contado durante todo este año. Por lo pronto, quisiera quedarme tranquilo, ir a algún lugar donde me ofrezcan una sopa de cebolla y un taburete desde donde mirar las paredes y el techo durante horas. A lo mejor me encuentro con una araña de humo que quiera contarme su opinión sobre el mundo. Seguramente ése será el soplete que encenderá otra vez el horno de mis creaciones, la máquina de contar historias y de producir dibujos.

Estoy cansado y a la vez satisfecho. Me he divertido mucho escribiendo para ustedes durante todo este año. El mundo está lleno de cosas absurdas y maravillosas que se perderían, si no las transformamos en palabras y se las contamos a alguien. Transformar ese material en cuentos y reflexiones de distintos tenores, me ha permitido contar mi propia historia, una historia que está ahí, en cada página llena de personajes raros y delirantes.

Sólo me queda darles las gracias y desearles lo mejor para el futuro. Nos veremos aquí mismo, muy pronto, luego de estas fiestas y de estos pequeños excesos de los que siempre nos sentimos culpables.

Por favor, sean felices y cuídense mucho.