lunes, diciembre 08, 2008

ABURRIDOS S.R.L. El aburrimiento es un mal contemporáneo. Como vivimos en un mundo industrializado, hay máquinas que facilitan la ejecución de cualquier trabajo. De ese modo, los seres humanos cada vez tenemos más tiempo libre. Como tenemos cada vez más tiempo libre, creemos que siempre debemos estar divirtiéndonos. Como nos la pasamos en ese plan, cada vez nos es más difícil encontrar algo divertido que hacer. Por eso hay tanto loco en la calle. Por eso proliferan los entretenimientos raros y los carros volteados en las autopistas de nuestro país.

Vivimos en un mundo, que se supone, debe ser placentero. Al ser así, el umbral de lo entretenido es cada vez más y más alto. Por eso sentimos que el aburrimiento nos corroe el alma. Si uno no canaliza esa sensación tan propia de estos tiempos que corren, puede terminar como esos engendros que consumen sustancias que los ponen a ver ardillas azules bailando tap.

A partir de esta reflexión porompompética, hagamos una lista de las cosas que más nos aburren:

* Ir de visita a casa de unos amigos de tus papás…

* Estar metido en una cola. El único entretenimiento que uno tiene en la cola es el ipod enchufado al radio-reproductor. En un carro no puedes leer revistas ni libros, ni jugar con los jueguitos del teléfono, aunque el tráfico en este país es tan, pero tan, tan, tan, tan anormal, que muy pronto podrás contratar a un profesor de alemán para que te enseñe la lengua de Werner Herzog.

* El cine iraní (y el polaco y el búlgaro y el alemán y el ruso y el de todos los lugares donde creen que el arte y el entretenimiento están reñidos).

* Las comiquitas de las Chicas Superpoderosas Z, Dragon Tales o Hi-5. Gracias a Dios que a mi pequeño Rodrigo le fascinan Ultraman y El espectacular Hombre Araña.

* Pasar enyesado una semana santa en Caracas.

* Ir con tu mamá y tu abuela a una exposición de orquídeas en el Poliedro.

* Ir a una graduación en cualquier universidad (esos eventos son pavosos e interminables).

* Ir a una reunión en la que sólo se hable de política.

* Meterse en Beco en compañía de tu señora madre.

* Ir a una fiesta donde uno no conoce a nadie.

* Hacer cola para agarrar un ascensor.

* Ir a una reunión de condominio. (¿Por qué en todas las reuniones de condominio siempre hay alguien que quiere botar a la conserje?).

* Ir a otro reencuentro de Menudo… Menudo debería comenzar a llamarse «Reencuentro».

* Los cursos prematrimoniales. La única manera de no fastidiarse en un curso prematrimonial es ponerse a contar cuántos peluquines y cuántos «comb overs» hay en la sala.

* Ir a la playa y que esté lloviendo… Más que aburrida, la lluvia en Venezuela es siniestra. Aquí cada vez que empieza a llover, surge en nuestra memoria la cabeza de una muñeca flotando en las aguas turbias de una quebrada.

* Los juegos de póker por televisión.

* Esperar más de la cuenta siempre es un fastidio. Esperar a que el peluquero te atienda, a que se acabe la primera comunión de Carlos Javier y a que tu marido decida que ya está bueno de beber con sus amigotes.

* Las esposas son expertas en hacerte señas con los ojos cuando tú estás bebiendo con tus amigotes… Esas señas repiten un solo mensaje: «¡Coño, vámonos!».

* Ver un documental sobre la madre María de San José en EWTN.

* Viajar en ferry a Margarita.

* Ir a una verbena.

* Ir a una boda… Damas y caballeros, yo detesto ir a bodas. Si se casan, por favor, no me inviten. Detesto con un odio particular la «hora loca» y que no puedas hablar con nadie por culpa del volumen de la música.

* Lo que acabo de escribir me liberó el alma. Gracias.

* Viajar en autobús a dos o tres grados menos cero durante cinco o seis horas.

* Ir al automercado un 15 o un 30.

* Estar en una fiesta y tener que cuidar a tu novia porque se rascó.