lunes, noviembre 17, 2008

LA BUROCRACIA ES UN ESTADO MENTALLa burocracia es una manera de organizar los eventos de la vida en curvas y en zigzag; no en línea recta. Si te quieres comprar una casa, tienes que soportar la burocracia del banco además de la burocracia de la notaría. Al final, si todo sale bien, terminarás con un dolor de cabeza espantoso y cuatro paredes a tu nombre.

Hay gente que nació para trabajar en la burocracia, para pedir trámites, solvencias, papeles, timbres fiscales. Hay que decir con toda seriedad que en esta época se ha refinado el tema de la burocracia. Hoy en día no sólo tienes que hacer cola, sino pasar horas frente a tu laptop para ver si, por casualidad, logras llenar el formulario en línea de tu Rif, de tu pasaporte o de tu cupo en dólares.

En Venezuela somos expertos en hacer que todo lo fácil sea difícil. Ahora, por ejemplo, todo negocio debe exponer el número de su Rif por doquier. Sin Rif no se puede hacer negocios y sin las facturas que cumplan las nuevas normas, tampoco. Si vas a comprar una lámpara, te piden el número de cédula, la dirección y el teléfono. Antes, pagar era fácil; hoy es un lío.

Hay gente que no es burócrata, pero habla y se comporta como tal: «haga una cola aquí», «venga mañana», «hoy no se despacha», «tráete dos copias fotostáticas del Nit y de la cédula, flaco», «vente con el documento del comodato y la EG-27», «eso ya está habilitado, señora», «no, no hay timbres. Vaya a la tienda de brujería que está a dos cuadras. Ahí los consigue»…

Todo burócrata que se respete tiene siete camisas iguales, tres corbatas reversibles y, por lo menos, un flux marrón. Además lleva para arriba y para abajo un llavero con la foto del hijo. En las oficinas abunda el espíritu burocrático… Hay unas en las que para sacar una fotocopia te mandan a llenar varios formularios con nombres que parecen sacados de un libro de física de Camero y Crespo: «AG-23», «EK-72», «BV-26»...

(Hagamos un alto en nuestra disquisición y convengamos que Camero y Crespo son los Watson y Crick venezolanos).

Cuando nacemos, la burocracia nos recibe con una partida de nacimiento. Cuando morimos, la burocracia nos despide con una partida de defunción. Cuando compramos un carro, la burocracia nos «regala» (aparte de la factura) un carnet y una póliza de seguros. Cuando compramos o vendemos un apartamento, la burocracia nos condena a sacar el documento de vivienda principal, a poner al día los impuestos municipales, a sacar la solvencia sucesoral, a pedir la certificación de gravamen, la liberación de la hipoteca, la carta de residencia, el corte de cuenta de tu ley de política habitacional, un examen de glicemia, transaminasas, orina y colesterol...

Ah, ¿y las siglas? Los burócratas son expertos en crear siglas. No es «Unión venezolana de perrocalenteros»; es «Univenpecalipre». No es «Asociación Venezolana de Bautizadores de Libros»; es «Asovenbauli». No es «Unión Venezolana de Jugueterías»; es «Univenjug». No sé por qué se me hace que existe una relación secreta entre el talento del burócrata para inventar siglas y la libertad que sienten los habitantes de este país para bautizar a sus hijos. Entre Asovencotralib (que sabrá Dios qué diablos quiere decir) y un sujeto de nombre Atoyot («Toyota» al revés) hay una afinidad que hace falta estudiar.

La burocracia es necesaria. Debemos respetar ciertos protocolos para cumplir con la ley, para vivir en paz y en orden. Sin embargo, no hay que abusar. La vida no es un acto burocrático. La vida es para vivirla, para montar patineta, para ir a la playa, para aprender idiomas, para escribir novelas, para oír las cuatro sinfonías de Brahms, para jugar con los hijos... La vida no es para perderla entre papeles y más papeles y más papeles y más papeles y más papeles.

Tanto papel acaba con la sensibilidad y deja bizco a cualquiera.