lunes, noviembre 10, 2008

F DE FAMILIA Las relaciones entre los miembros de una familia no son tan fáciles como parecen. Si lo sabrá Tony Soprano, que tiene dos: una con madre, hermanas, esposa, hijos y suegros incluidos, y otra con gordos llenos de odio listos para despachar gente.

Lo bueno de la familia es que quien la tiene, nunca estará solo. Puede pasarle lo que sea (trágico o jubiloso) y siempre tendrá a alguien a su lado. Lo malo de la familia es que no faltan los impertinentes ni los que creen que, a cuenta de familia, pueden meterse en tus asuntos y disponer de tus objetos más preciados porque sí.

Nunca falta en una familia quien te dé los más sabios consejos, quien te ayude sin pedirte nada a cambio, quien te quiera de verdad y te diga que estás metiendo la pata, que ya has bebido demasiado y que es hora de tomarse una sopita.

En las familias también se esconden nuestros más acerbos críticos. Quien quiera encontrar a un aguafiestas, búsquelo en la maraña de nietos, hermanos, cuñadas, tíos, abuelas, madres, esposos, hijos, que conforman un árbol genealógico. Ahí siempre están los que te ponen reparos cuando quieres comprarte una laptop nueva o la colección completa de discos de Brad Mehldau.

Observen lo raras que son las relaciones familiares: en el edificio El Copete ha vivido Kika toda su vida. Kika era una niña normal hasta que un día su mamá, que tenía lentes y un parche en el ojo izquierdo, la llevó al oculista. La niña regresó a su casa con lentes y un parche en el ojo izquierdo. Salvo por ese detalle, Kika era una niña linda que se transformó en una mujer muy hermosa (eso sí: con lentes y un parche en el ojo izquierdo). Años después, un caballero simpático se acercó a Kika. Huelga decir que terminaron casados y felices. Al año ya el galán tenía lentes y un parche en el ojo izquierdo… ¿Qué quieren que les diga? El matrimonio es un misterio; es la llave que abre las puertas de todas las familias. Quien no quiera fundar una familia, que no toque esa tecla.

La vida es dura y siempre produce vértigo imaginarse a tu familia futura. Cuesta pensar que algún día nos convertiremos en cuñados de alguien, en tíos de una carajita fastidiosa, en yernos de una señora igualita a Drácula o en suegros de alguien que a esta hora quizás no haya nacido.

(En medio de la intimidad de estos paréntesis, aclaremos algo: cuesta imaginarse como suegro de un sujeto malasangre, flojo e idiota. Si algún día tengo una hija, haré lo posible por comprarme una escopeta y una mecedora).

El maestro Isaac Chocrón, aparte de un genio del teatro, es un teórico de la familia. A él le debemos los conceptos de la familia natural y de la familia escogida. Todos nacemos de una familia natural, pero terminamos escogiendo a una gente para que conforme el grupo selecto de nuestros amigos, de nuestros compañeros sentimentales, de nuestras esposas y de nuestros abogados. Uno viene a este mundo a relacionarse con los demás, con gente que no son ni tus hermanos ni tus padres ni tus primos ni nada tuyo. El vínculo con la familia natural no se rompe ni con la distancia. El vínculo con la familia escogida es tan frágil como una tela de araña. Tu hermana será tu hermana hasta el fin de los tiempos. En cambio, piensa en cuántos amigos quedaron atrás, cuántas novias, cuántos conocidos que ahora sólo puedes ver, si acaso, a través del Facebook.

La sangre te une para siempre a unos sujetos con los que quizás no compartas ningún interés. En cambio, con la familia escogida terminas generando un vínculo que duele romper.

Pero volvamos con Kika… A estas alturas, ella y su marido tienen un hijo inteligente y bonito al que le encanta jugar Playstation… Y, por supuesto, ya le instalaron sus lentes y su parche en el ojo izquierdo.

No se extrañen. Así son todas las familias.