sábado, noviembre 01, 2008

BIG MOMENTS IN LIFE
Sergio Márquez dando la cara por la patria en Alemania. Octubre de 2008

La vida no es una suma de momentos estelares. Es una suma de momentos normales y corrientes entre los cuales hay unos que brillan más que otros.

En realidad (y para que no se sientan mal), sepan que la vida es un sube y baja con más momentos aburridos y tristes que felices. Por eso hay que aplicar aquello que le enseñó Horacio a Robin Williams: «carpe diem, bróder». O sea: «haz rubieras mientras puedas porque la existencia es muy dura y se acaba».

Hay gente que no tiene momentos extraordinarios en su vida, o, al menos, no se da por enterada. Bien lejos con esos sujetos corroídos por la amargura.

A propósito: ¿saben ustedes cuál es el sentido de la vida? Muy sencillo: vinimos a este mundo a hacer el ridículo. Si no se han dado cuenta de ello es porque andan por ahí con los ojos cerrados. Vinimos a este mundo a hacer el ridículo. Nacemos, vivimos, amamos, odiamos, trabajamos como locos y luego… Luego morimos… La muerte es el ridículo llevado al extremo… Tanto esfuerzo, tanta célula reproduciéndose y consumiendo oxígeno y alimentos para luego apagarse... ¿No es ridículo eso? Así que ya saben: mírense en el espejo y sepan que por muy serios que se vean, por muy elegantes que se sientan y por muy encumbrados que se crean, vinieron a este valle de carcajadas a hacer el ridículo. Por eso no hay que tomarse las cosas con tanta severidad ni creerse la tapa del frasco.

Prosigamos con los grandes momentos que marcan hitos en nuestras vidas.

Hay unos momentos estelares que vienen después de un gran susto. Por ejemplo: el médico te dice después de la operación: «te quitamos el tumor, le hicimos la biopsia...». Y aquí vienen las palabras más dulces que existen en cualquier idioma: «…y es benigno».

«Es benigno» es más dulce que «te amo». Eso lo dice Woody Allen y tiene razón.

Uno de los momentos más maravillosos que puede vivir cualquier persona ocurre cuando se entera de que lo aceptaron en la universidad.

Abres el periódico, ves la página que dice «lista de admitidos en la universidad tal» y aparecen tu nombre y tu cédula de identidad. Eso es para llorar de alegría. Sobre todo porque si le prendes candela a tus pestañas durante cinco años, vivirás otro momento estelar cuando te gradúes. No hay nada más satisfactorio que recibir tu licenciatura… Lo único raro es que, muchas veces, cuando te entregan el título de licenciado en algo, te entregan también el título de desempleado, pero ésa es otra historia…

Hay un momento estelar muy extraño que ocurre cuando te das cuenta de que la persona que a ti te gusta, también pistonea por ti. Ese instante es extraño porque el mundo parece detenerse. Ustedes son unos lectores muy inteligentes y saben perfectamente a qué me refiero.Hay momentos trágicos que jamás olvidaremos: la caída de las Torres Gemelas en 2001, las lluvias de diciembre de 1999, el desastre que produjo el huracán Katrina en Nueva Orleans, el 11 de marzo de 2004 en Madrid, el 11 de abril de 2002…

Hay momentos que muchos esperamos con auténtico frenesí, verbigracia: el descubrimiento de la cura contra el SIDA, la invención de la vacuna contra el cáncer, la caída estrepitosa de Saurón (si leyeron El señor de los anillos o vieron las películas, sabrán a qué me refiero), la restauración de la capa de ozono y que Intercable sea más diligente cuando a uno se le eche a perder su conexión a Internet. Tengo un mes desconectado y, a pesar de que llamo todos los días, esa gente no me hace la caridad de restituirme el servicio.

La espectacularidad de ciertos instantes no es igual para todo el mundo. Mi mamá, por ejemplo, no entiende cuánto significaría para mí poder ir a una presentación de Ahmad Jamal en Nueva York, pero así es la vida: imperfecta y diversa.

No olviden que un hueso es un hito en la vida de un perro.