sábado, octubre 11, 2008

ADOLFO EL MAESTRO
Lees La invención de Morel. Lees El sueño de los héroes. Buscas La trama celeste y terminas sacando la única conclusión que puedes sacar: Bioy Casares es un monstruo, un genio. No es que te pase eso que les pasa a algunos escritores cuando leen obras que a ellos les habría gustado escribir. No. Con Bioy Casares no te pasa eso. Con él no porque a ti no te interesa escribir literatura fantástica y porque, claro, Bioy Casares fue un genio y tú apenas has logrado que la gente medio se ría con algunas de las cosas que escribes… Pero bueno, en estos días leíste El sueño de los héroes y te divertiste como sólo te puedes divertir leyendo una novela tan rara como perfecta.

¿Cómo no pensar que El sueño de los héroes se caracteriza por su rareza y su perfección, si trata sobre un sujeto que confunde una premonición con un recuerdo? Porque Emilio Gauna, protagonista de esta obra, hace eso: trata de reconstruir un hecho borroso que en realidad no vivió, que cree recordar y que en verdad vivirá en el futuro. ¿No es una belleza?

Sobra decir que la novela es impecable que mezcla una historia de amor con las andanzas de un grupo de buenos para nada que pasan la vida de bar en bar y de ginebra en ginebra. Inquieta la delicadeza de Bioy al narrar la normalidad de los días de Emilio Gauna, de Clara, de Larsen, del doctor Valerga y de la Buenos Aires de finales de los años veinte. Esa minuciosidad a la hora de narrar el detalle cotidiano donde aparecen la bombilla, el mate y las galletas, le hace un contrapunto perfecto al único y contundente evento fantástico que ocurre en la novela. Lograr un equilibrio tan preciso entre las fuerzas de la realidad y del misterio es cosa de maestros, de maestros como Adolfo Bioy Casares.