martes, julio 01, 2008

EL ARTE DE IRSE A LA CAMA No es lo mismo dormir en un escaparate que dormir en tu cama. No es lo mismo dormir a la intemperie, como los boy scouts, que dormir en tu cuarto arropadito. No es lo mismo dormir en una hamaca que dormir en una cama… No faltará quien diga que dormir en el asiento trasero de un carro es incómodo, pero sabroso.

Hay gente que duerme en pijamas clásicas, comunes y corrientes. Jerry Seinfeld se preguntaba en uno de sus monólogos que por qué las pijamas clásicas tienen forma de esmoquin y la verdad es que la única respuesta que se me ocurre en este instante es que dormir es una de las bellas artes, una actividad que necesita un mínimo de formalidad aunque haya gente que duerma en shorts, en interiores o desnuda… Sea como sea, son preferibles las pijamas con forma de flux a las pijamas que parecen una bata blanca y que venían con un gorrito (¡Dios, qué pavoso!).

La gente tiene miles de manías para irse a la cama. Las mujeres, por ejemplo, cuando van a la peluquería, duermen toda la noche en la misma posición. Pase lo que pase, no pueden despeinarse. ¿Y dónde dejan a los tipos que se ponen una media panty en la cabeza para que no se les dañe el peinado?

Damas y caballeros, antes que digan cualquier cosa, recuerden que irse a dormir tiene su folklore. Si no lo creen, piensen en los que toman pastillas para dormir, en los que, aún de grandes, se chupan el dedo, en los que duermen con ositos de peluche, en los que no se pueden ir al reino de Morfeo sin su almohada, en los que guindan en una cama llena de cojines, en los que duermen con una radio encendida al lado, en los que compran cursos para aprender inglés mientras duermen, en los que, aún sabiendo que comer mucho de noche les hace daño, se mandan una parrilla argentina y luego tienen unas pesadillas nucleares en las que la acidez comparte la escena con Drácula y Dexter Gordon.

Las literas, los jergones y los catres son tres esperpentos en los que aún duerme la gente. Una cama en mal estado es un pasaje directo al insomnio.

Hay gente que duerme mal porque tiene remordimientos o porque algo de su trabajo le preocupa. Hay gente loca que, en medio de un insomnio miserable, le serrucha las patas a su cama dizque porque se marea y cree que, después de semejante locura, logrará conciliar el sueño. A veces, contar ovejas no funciona. Si eso te sucede, cuenta ovejas y elefantes a la vez. Si no te da un derrame cerebral, te duermes enseguida. Cuando uno no puede dormir, tiene que buscar la razón. ¿Tienes problemas? ¿Estás preocupado? Soluciona tus líos antes de meterte en la cama. Si no puedes dormir, es porque tienes un monstruo por dentro… Y tienes que librarte de él.

Por cierto: ¿sueñan los telecajeros con ovejas eléctricas?

Hay gente que habla, ronca, gruñe y patea mientras duerme; gente que le tiene miedo a la oscuridad, gente que no deja de dormir siesta ni porque se encuentre en su oficina o en un autobús… Dormir siesta es un hábito sano; no sé por qué, pero te mantiene relajado… Que lo digan los guachimanes, que son expertos en dormir abrazados a sus escopetas de reglamento…

«Los guachimanes duermen de día» (éste podría ser el título de una novela de Leonardo Padrón).

Antes de irse a dormir, las damas cumplen un intrincado ritual. Primero, no pueden irse a dormir sin quitarse el maquillaje (si lo hacen, se arrugan rápido). Segundo, se echan cremas y pasan un rato así mientras leen una Vanidades o un ejemplar de Crimen y castigo, de Fedor Dostoievski. Luego van al baño, se quitan las cremas de la cara, apagan la luz y se ponen a ver Ugly Betty o cualquiera de esas series. Eso sí: luego se duermen felices porque el rostro les brilla como una estrella.

Dormir es un placer total que valoramos más en la medida en que nos vamos poniendo viejos.

Ah… Bienaventurados los manganzones que pueden dormir hasta el mediodía.