sábado, mayo 03, 2008

BARRY WHITE NO ES EL ÚNICO QUE SABE DE AMOR
En esta antología se invoca a Barry White porque el amor está ligado a la música. Si no lo creen, piensen que en una época como ésta, en que todo mundo se las da de irónico y de sabroso, la gente sigue recurriendo al viejo truco del baile para acercarse a los demás; sobre todo a esas personas especiales con las que se quiere intimar.

En el pasado, muchos viejos recurrían al bolero, a las guarachas y al merengue. En el presente mucha gente recurre al reguetón, con su perreo, su pornografía malandra y, en el mejor de los casos, con su sentido del humor. Otros nunca acudieron a esos ritmos del barrio que se oían y se oyen entre motos, piedras de dominó y tiroteos salvajes. Los que no se enamoraron bailando salsa ni pasaron un despecho abrazados a una rockola repleta de Benny Moré, bailaron la música disco y encontraron la fuerza necesaria para acercarse a la chica de sus sueños al oír los prólogos hablados de las canciones de Barry White.

La voz de Barry White era tan contundente que llegó a convertirse no sólo en icono de la música disco, sino de que quien la oía, estaba metido en un lío amoroso porque lo que caracterizaba a sus composiciones era justamente «el toque de caramelo» o de romanticismo, si Uds. prefieren. Por eso la música del pana Barry White fue todo un símbolo de ese estado de estupidez absoluta en el que caemos los seres humanos alguna vez en la vida. Como sus canciones fueron (y son) tan buenas, se generó sobre él la misma percepción que sobre Raphael, José Luis Rodríguez y Julio Iglesias; que el único que sabía de amor era él, el hombre de la voz de túnel, de la barba, del copete y de la gordura llevada con dignidad: Barry White.

Este libro lleva el título que lleva porque ya era hora de decirle a los discotequeros y a los enamorados del mundo que en otros ámbitos también se ha hablado y se habla de amor, que ese tema ha estado en la literatura de todos los tiempos y que no hace falta ser Jim Huntley para acercarte a las chicas.

(Por cierto: ¿alguien sabe si a Jim Huntley le gustaban las mujeres?).

El baile es una ciencia exacta cuyos guarismos no aparecen en el Álgebra de Baldor. Por eso, desde hace años no bailo. Sólo disfruto la atmósfera, el aura, el aire que pone a nuestro alrededor la buena música, música como la de Barry White.