martes, abril 01, 2008

LAS MOLESTIAS QUE ACABAN CON LA CONCENTRACIÓN Imaginemos que queremos concentrarnos para estudiar, para escribir un documento, para hacer un trabajo importante y, de pronto, surge algo que nos distrae. En esta oportunidad nos referiremos a esos eventos desafortunados que impiden que nos concentremos como es debido.

Antes de comenzar, recuerden que cada molestia es un atentado contra los reales que nos vamos a ganar…

Es de noche y estás escribiendo en tu computadora. De pronto, una hormiga voladora o cualquier otro insecto se para en la pantalla. Tú la espantas y ella vuelve a pararse ahí, una y otra vez.

Los zancudos son enemigos de los estudiantes, de los escritores y de todo aquel que quiera concentrarse en algo.

Contra los zancudos lo mejor que hay es un ventilador.

El ventilador acaba con dos factores de distracción: los zancudos y el calor... Recuerden que el calor no sólo distrae; también embrutece.

Los cornetazos.

Las motos Harley Davidson que pasan una y otra vez por tu calle.

Las sirenas de los bomberos.

El árabe que toca el timbre de tu casa para venderte manteles, sábanas y explosivos.

Los que se equivocan marcando un número telefónico y el azar hace que el número equivocado sea precisamente el tuyo.

Los miembros de cualquier compañía que llaman para tu casa para venderte algo o para hacerte una encuesta.

Los niñitos llorones. Quienes tienen hijos saben que no hay nada que atente más contra la concentración que un carajito.

Una manifestación.

Una mamá o una tía que, como te ven frente a la computadora, creen que estás jugando y por eso van y te cuentan chismes de los vecinos o de cualquier persona que a ti no te interesa.

Los amigotes que te llaman para invitarte a salir de rumba.

Los discos de salsa de tu papá.

Que alguien tenga un televisor a todo volumen en el cuarto de al lado.

Que alguien esté pegando gritos en el apartamento de al lado.

Que tú estés trabajando, mientras tienes a un obrero pintando tu casa o a un plomero arreglando el tubo de la poceta.

Que a cada rato venga la señora de servicio a preguntarte si prefieres arroz o puré con las milanesas.

Que alguien esté fumando cerca. No hay nada peor que el olor a humo.

Que se prenda una alarma.

Los panas que aparecen en el messenger.

Las visitas que te dicen: “no te preocupes por mí, tú sigue trabajando mientras yo espero a tu hermana”.

Tener hambre.

Tener que leer unos documentos y hacerlo en un autobús.

No hay nada más difícil que concentrarse en un autobús.

Dormirse.

Comer pesado.

Cuando comes garbanzos y luego tratas de concentrarte, por lo general, te quedas dormido (o al borde de un derrame cerebral).

Que el aire acondicionado haga ruido.

Que tu suegra esté en tu casa.

Que a tu computadora se le eche a perder una tecla.

Que se vaya la luz.

Que se vaya el agua.

Que aparezca una rata en la sala de tu casa.

Que te digan que no te pagarán hoy, sino el otro viernes.