jueves, marzo 13, 2008

HELLBOY PARA TODOS Si Ud. toma una novela seria como lo es Soldados de Salamina, leerá en las primeras páginas una cita tomada de Los trabajos y los días que dice: «Los dioses han ocultado lo que hace vivir a los hombres». Si lee la novela completa, se dará cuenta de que el personaje principal no sólo quiere escribir un libro sobre Rafael Sánchez Mazas, un falangista más o menos destacado en la Guerra Civil Española, sino averiguar por qué el republicano que pudo matarlo en un lugar cercano al santuario de Santa María del Collell no lo hizo. ¿Qué pasó que ese señor no apretó el gatillo de su fusil? Esa es la gran pregunta que se formula el protagonista de Soldados de Salamina y por eso emprende su viaje novelesco.

Lo curioso es que si Ud. lee este libro extraordinario (o ve la versión cinematográfica protagonizada por Ariadna Gil), notará que esa gran interrogante sobre el comportamiento del soldado nunca será respondida y de ahí que tenga sentido el epígrafe de Hesíodo. Ud. tendrá que acercarse a otras obras si quiere una respuesta tanto para el poeta griego como para Javier Cercas y su extraordinaria novela.

Cuando uno se va poniendo viejo, se va dando cuenta de que, por lo general, todo aquello que no se responde en una obra determinada, se responde en otra y que, aunque pase mucho tiempo entre el planteamiento de la pregunta y su respuesta, esta última llega vestida con las galas menos esperadas.

Es así como debo decirles que la solución al problema planteado por Hesíodo y por Javier Cercas me llegó de la mano roja y demoníaca de Hellboy, mi superhéroe favorito.

Para quienes no lo conozcan, Hellboy fue creado por Mike Mignola en 1994. Los suplementos de Dark Horse Comics que traían sus historias, eran tan poderosos que llamaron la atención del cineasta mexicano Guillermo Del Toro, quien dirigió en 2004 la película inspirada en el extraordinario personaje… Sí, sí. Ya viene la segunda parte. Lo sé.

Según Mignola, Hellboy llegó a este mundo el día en que una patrulla del ejército norteamericano interrumpió, a tiros, un experimento esotérico en el cual un grupo de miembros del Tercer Reich estaba abriendo un portal interdimensional para traer las fuerzas infernales a este mundo. Como la experiencia nazi no llegó a feliz término, lo único que del infierno llegó al mundo de los vivos, fue un bebé rojo con cuernos en la cabeza, rabo puyudo y una mano de piedra, que fue adoptado, criado y educado por el profesor Trevor Bruttenholm, un experto en actividades paranormales que luchó toda su vida contra el mal, sin importarle la forma que éste asumiese.

Así tenemos a un demonio luchando a coces, a mordiscos y a palazos contra monstruos de todo calibre, contra enemigos que pretenden imponer el mal en el mundo y, si Uds. tienen oportunidad de ver la película o de leer cualquiera de sus historias, verán que Hellboy se enfrenta a las fuerzas del mal porque quiere, porque él lo eligió aún en contra de lo que su cornucopia y su naturaleza ígnea le imponen. Él lucha por el bien porque le da la gana, porque hace uso de su libre albedrío, porque escoge actuar así, lo cual, señoras y señores, es lo que hace humanos a los humanos, lo que los hace vivir y ser como son.De manera que la pregunta que se hacen Hesíodo y Cercas no la responde un poeta didascálico ni un novelista ni un escritor de ésos que les fascinan a los esnobs; la responde un dibujante de comics con un superhéroe que se lima los cuernos para que la gente lo acepte, que envenena las balas de plata de su revólver con agua bendita y astillas de madera, que vive hambriento y rodeado de gatos, que anda de aquí para allá con sus amigos: un hombre pez y una mujer de fuego.

En fin… Una obra maestra.

Por eso no me queda más que decir lo que dije al principio: ¡Hellboy para todos!