domingo, febrero 17, 2008

EL DÍA EN QUE A HOLLYWOOD SE LE AGOTARON LAS IDEAS Desde hace tiempo el cine nos tiene acostumbrados a los hechos más extraños. Como muestra tenemos ese tipo de películas en las que los protagonistas de distintas historias se encuentran en una nueva y poderosa superproducción. Recuerden esa cinta donde Freddie Krueger se encontraba con Jason o aquella otra en la que Alien y Depredador llenaban la pantalla de sangre fosforescente y de babas ácidas. ¿Cómo olvidar a King Kong peleando contra Godzilla o a Abott y Costello huyéndole a Frankenstein, a la Momia, a Drácula y al Hombre Lobo?

(Entre paréntesis, mi amigo Tom Monasterios me manda a preguntarles que por qué, en las películas de terror, la gente nunca corre más rápido que los monstruos que vienen a asesinarlos).

Esa estrategia según la cual unes en un mismo producto a dos o más personajes que fueron exitosos en solitario, es típica de momentos en los que los libretistas se quedan sin ideas y los productores quieren ahorrar plata, como ahora…

Pareciera que a los que trabajan en el cine de Hollywood se les agotaron las ideas. Hoy cada día hay más remakes, más partes dos, partes tres, partes cuatro, partes cinco y hasta seis, de películas viejas y exitosas. Si no fuera por el salvavidas que le lanzó la industria del cómic a la del cine, sólo estaríamos viendo versiones cinematográficas de series clásicas de televisión e historias absurdas en las que Terminator se enfrenta con Chuky o Luke Skywalker conoce a James Bond.

Quién sabe cómo se llegó a esta circunstancia, pero habría que pasearse por varias razones entre las que se cuentan la terquedad, la falta de riesgo y la miopía de los nuevos ejecutivos de Hollywood, la obligación de que casi todas las películas tengan los mismos efectos especiales y la idea siempre estúpida de que la vida humana se puede resumir a cuatro o cinco fenotipos, a cuatro o cinco situaciones que se repiten en todas las historias. Eso sin contar con esos manuales mercadotécnicos que recomiendan incluir una escena de acción cada cierto tiempo dizque para que el público no se aburra, convirtiendo a Hollywood en una fábrica de chorizos, cuya mercancía está, en los últimos tiempos, más fastidiosa que nunca. Por supuesto, siempre hay excepciones que te sorprenden y te reconcilian con esa charcutería visual.

Pero, hagamos un ejercicio y tratemos de inventar una escena digna a partir de las premisas que los ejecutivos actuales le imponen al cine hollywoodense. Inventemos una escena en la que aparezcan personajes que provengan de distintas películas y que el gran público ya conozca. Veamos el resultado.

¿Qué pasaría si un día el doctor Lecter se encontrara a la horma de su zapato?
Imaginemos que el doctor Lecter sale de su casa hambriento y que, de pronto, se encuentra en un callejón solitario por donde viene caminando a paso lento un hombre de estatura mediana. El doctor Lecter se saborea porque cree que muy pronto comerá. Sin embargo, no cuenta con que el paseante nocturno no es cualquier idiota que permitirá que alguien lo convierta en su cena. De manera que cuando el médico caníbal se lanza al ataque, recibe de inmediato nueve patadas y tres golpes en la cara.

El doctor se levanta enajenado y adolorido; aprieta los dientes y se abalanza sobre su víctima. Aquel hombre menudo lo recibe con «la garra del tigre», «el puño de la serpiente», «la parada del águila» y lo tira nuevamente al piso.

Por segunda vez el doctor Lecter se incorpora y va a por su cena. En esta oportunidad se lanza sobre la yugular de su víctima, cual león. No obstante, el hombre hace un extraño movimiento y, con un certero golpe en la garganta, deja tirado al doctor en medio de un oscuro desmayo.

El doctor Hannibal Lecter nunca supo que esa noche trató de comerse a Bruce Lee.