lunes, diciembre 03, 2007

MALDICIÓN ETERNA Hace ocho años el pueblo venezolano se lanzó a sí mismo una maldición, entregándose ingenuo y desnudo en manos de un demagogo inescrupuloso. Ayer, no sin sufrimiento, comprobamos cómo una buena parte de ese mismo pueblo logró zafarse del influjo devastador de esa maldición. Sin embargo, aún queda una parte de la población mesmerizada por el discurso y las promesas del mandarín y otra que no se movió, que no decidió, que no votó.

Esos que ayer no se movieron de su casa, que se fueron a la playa o que no se pararon de su cama y que conforman un 44% de la población, suponen un gigantesco grupo en el que el efecto de la maldición mutó y se transformó en una inmovilidad rara signada por la apatía.

Sabrá Dios si esa gente despertará algún día.

Ojalá que sí.

Hay gente que nunca se quitará de encima esta maldición, pues carga consigo un resentimiento y un hambre brutales. Ésos son poco menos que irrecuperables. Su maldición es y será eterna. No obstante, hay que luchar para que la gente-hueco, la gente-vacío, adquiera otra vez cuerpo y voluntad.