domingo, diciembre 16, 2007

EL RETORNO DE LOS GRANDES MONSTRUOS
El 6 de julio de 2007 The Police, la legendaria banda integrada por Sting, Andy Summers y Stewart Copeland, tocaba en el Wrigley Field de Chicago. Franklin y Diana no resistieron la tentación; organizaron un viaje para celebrar el primer año de su feliz matrimonio y se fueron a visitar a la tía de él, que vive en las cercanías de la ciudad de los vientos. El verdadero objetivo del viaje no era ver a la familia ni conocer Chicago; era oír en vivo, después de tantos años, Roxanne, Sinchronicity, Spirits in the material world, toda una variedad de canciones que conformaron y siguen conformando algo parecido a la banda sonora de sus vidas, una música que los ha acompañado en las buenas y en las malas.Igor Escalante, un prestigioso médico caraqueño, de 41 años de edad, también vio a The Police en el mes de julio. Disfrutó de su show en el estadio de los Miami Dolphins. Cuando habla de esa experiencia, no puede evitar ponerse exultante. «Yo vi a esa gente aquí, en el Poliedro, cuando vinieron en 1981. No puedes imaginarte lo apoteósico que es verlos otra vez, y oír, en vivo, esas canciones que has oído miles de veces a lo largo de tu vida».

Cada vez que oyen sus canciones favoritas, miles de personas que han crecido arrulladas por ellas, hacen un viaje a su pasado y se ven a sí mismas jóvenes, fuertes y llenas de ilusiones. De manera que estos espectáculos tienen mucho de nostalgia y de curiosidad por ver qué tan viejos se han puesto nuestros ídolos.

«En ese concierto lo que había era puro señor calvo, en corbata y barrigón, puras señoras cincuentonas que eran igualitas a mi mamá y a mis tías», acota Diana. «Mi impresión se hizo mayor cuando empezaron a corear las canciones que cantaba Sting. Se las sabían mejor que Franklin y que yo… Claro, si llevan oyéndolas más años que nosotros…».

Con un público así de numeroso, de nostálgico y de fiel, cualquier banda se reunifica, y más en una época como la que vivimos en la actualidad, en la que, quién sabe por qué razón, las luminarias que surgen no son como las de antes, al menos a ojos de la legión de seguidores de los grupos de antes. Tal vez ése sea el motivo principal por el que se ha dado el milagro de la resurrección de varias bandas que parecían separadas para siempre. Los empresarios y las propias estrellas se han dado cuenta de que ahí hay una mina de oro por explotar.

Carlos Medina, joven y talentoso redactor publicitario caraqueño, nos cuenta alguna de sus anécdotas siguiendo a una de las bandas inglesas más importantes del mundo:

«La primera vez que vi a Queen fue en Madrid el 1° de abril de 2005. Por supuesto, la banda no contaba con sus integrantes originales. Freddie Mercury había muerto y John Deacon se había retirado del negocio de la música. Así que vi a un Queen raro en el que cantaba Paul Rodgers y Danny Miranda tocaba el bajo. Igual Brian May y Roger Taylor son lo máximo. Había que verlos en vivo. Por eso fui al concierto en el Palacio de Los Deportes y lo disfruté como nadie. Hasta lloré».

El fanatismo de cierta gente no conoce límites. Recorren kilómetros y kilómetros, soportan colas interminables, pasan noches a la intemperie con tal de ver a sus ídolos.

«Para mí ver a esos señores fue muy importante —añade Carlos Medina—. Fue tan importante que me coleé en la rueda de prensa de Queen en Madrid y logré tomarme una foto con Brian May. En Aruba hice lo mismo, y me retraté junto a Roger Taylor en el lobby de su hotel cuando iba hacia el Aruba Entertainment Center a dar el concierto. No me importa lo que digan. Al menos una parte de lo que soy se lo debo a la inspiración que me han dado esos señores con su música. Aplaudirlos en sus conciertos es una forma de darles las gracias».

Alfredo Escalante, locutor y promotor musical está de acuerdo. «En esa nostalgia hay demasiado dinero en juego, y por eso los miembros de bandas que hace tiempo se separaron, deciden hacer a un lado sus diferencias. Lo mismo ocurre con los hijos pródigos de ciertos grupos, como por ejemplo Rob Halford y Bruce Dickinson que se fueron de Judas Priest y Iron Maiden, respectivamente, pero regresaron a sus bandas porque se dieron cuenta de que, como solistas les va bien, pero que junto a los grupos con los que hicieron sus carreras les va mucho mejor».

Las palabras de Alfredo nos traen a la memoria un par de casos interesantes. El primero de ellos se concentra en los recitales que ofreciera Cream en el Royal Albert Hall de Londres los días 2, 3, 5 y 6 de mayo de 2005, de los que salieron un extraordinario disco y un DVD para deleite de los fanáticos del mundo entero. Ese legendario material no se habría podido grabar si Ginger Baker no hubiera zanjado sus diferencias con Eric Clapton y Jack Bruce, los otros dos miembros de la agrupación. Cream, en su momento se separó dados los egos de sus tres integrantes y sólo se reunió treinta y tres años después porque sabían que obtendrían enormes ganancias con su reencuentro. Al parecer Baker no se lleva nada bien con Clapton y Bruce, pero el dinero produjo el momentáneo milagro de la reconciliación.El otro de los casos interesantes es el de Ozzy Osbourne, quien abandonó a Black Sabbath en 1979 y sólo se reunió con sus compañeros en 1999 para grabar un doble álbum en vivo llamado justamente Reunion. Osbourne es uno de los pocos artistas a quien le ha ido mejor como solista que con la banda que fundó. Black Sabbath, por su parte, ha sufrido toda suerte de cambios. La última es que, por problemas legales, Tony Iommi y Geezer Buttler (guitarrista y bajista de la banda) no pudieron usar la marca Black Sabbath para ofrecer, en pleno 2007, una gira junto al cantante Ronnie James Dio y al baterista Vinnie Apice. De manera que la agrupación tuvo que asumir el nombre de uno de sus discos, Heaven and Hell, para poder ofrecer sus conciertos y deleitar a sus fans en todo el mundo.Todas las explicaciones de este fenómeno apuntan a las cifras mil millonarias que se manejan. Desde los años sesenta las estrellas en decadencia que movían a grandes masas de nostálgicos, iban a recalar a Las Vegas, un paraíso en medio del desierto de Nevada para la gente que no pudo ver en su mejor momento a Frank Sinatra, al gran Elvis Presley, a Kiss... «Lo que sucedió fue que alguien, un empresario con buen olfato, sin duda, se dio cuenta de que esa nostalgia no era exclusiva del público norteamericano y por eso tú ves vivos a tantos grupos que pensábamos muertos, dando conciertos por todo el mundo», propone Carlos Medina.

Otra de las agrupaciones que se reunió este año fue Genesis. Phil Collins, Tony Banks y Mike Rutherford no resistieron la presión, unieron sus talentos a los de Chester Thompson y Daryl Stuermer, y, en mayo de este año, se lanzaron al ruedo con una extraordinaria gira en Estados Unidos y Europa. Steve Hackett y Peter Gabriel han asomado la posibilidad de sumarse a ese combo, pero hasta ahora sólo han sido rumores.Lo que sí es cierto es que las presentaciones de Genesis han despertado muchísimas expectativas. Por un lado, sus conciertos han sido minuciosamente registrados, lo que significa que muy pronto nos encontraremos en las discotiendas con nuevo material en video y en CD de los autores de Selling England by the pound y de The lamb lies down on Broadway. Por otro, el despliegue técnico, las toneladas de aparatos de sonido, de amplificadores y cornetas, las instalaciones eléctricas y pirotécnicas, hablan de una ambiciosa puesta en escena que se relaciona no sólo con las primeras etapas de Genesis (recuerden la portada de Live, disco en cuya portada Peter Gabriel aparecía embutido en un disfraz que parecía sacado de una película expresionista), sino con el deseo de crear un monumental espectáculo multimedia que se vea bien tanto en vivo como a través de las cámaras de video. De ahí que los productores de estos shows contrataran a Mark Fisher, arquitecto, escenógrafo y productor general de espectáculos del Cirque du Soleil, de los Rolling Stones, de Pink Floyd, de U2 y de eventos masivos como la Exposición Mundial de Lisboa de 1998.

Uno de los temores que expresan muchos de los que asisten a estos conciertos es la posibilidad de que la música no sea lo que fue, de que las voces se hayan apagado o de algo más extraño que resume muy bien Franklin Marcano: «cuando comenzó el concierto de The Police, yo tenía miedo de que le hayan hecho unos malos arreglos a las canciones y termináramos oyendo uno de esos pastichos que hace Sting cuando canta como solista, pero no. Aquello sonó como debía sonar: como Police».

El año 2007 ha sido pródigo en reuniones y se han movido millones de dólares en conciertos alrededor del mundo entero, cosa que nos hace pensar que las despedidas y los retornos a los escenarios forman parte de las estrategias de mercadeo que los músicos y los empresarios ponen en práctica para vender más discos (que lo digan Ilan Chester y Menudo).

La fiesta de la nostalgia continúa. Sus fanáticos están disfrutando el reencuentro de Soda Stereo.

El trío argentino se separó en 1997 entre recitales atestados de gente, lágrimas, bombos y platillos. Zeta Bosio, Charly Alberti y Gustavo Cerati llenaron estadios en toda Latinoamérica, tocaron en calles y teatros e hicieron que la gente los despidiera como si se acabara un sueño. Diez años después, Soda Stereo prepara una gira igual de colosal que la de su despedida, pero esta vez para celebrar el reencuentro de la banda argentina más influyente de las últimas dos décadas. Su itinerario comenzará el próximo 19 de octubre en el Estadio River Plate de Buenos Aires (ya las entradas se acabaron) y continuará por Santiago de Chile, Guayaquil, Lima, Bogotá, Panamá, Monterrey, México D.F. y Los Ángeles.

No se quejen. El 29 de noviembre tocaron en Caracas.

La trascendencia de la reunión de Soda Stereo, la venta inmediata de unas entradas que oscilan entre los 50 y los 120 dólares, aproximadamente, nos habla de la avidez del público latinoamericano por artistas de la talla de los argentinos y nos hace pensar sobre por qué se separan los grupos, si pareciera que sus fans los idolatran y esperan por sus canciones.

«Es un fenómeno interesante —sugiere Alex Goncalves, conocido animador de radio y televisión— porque debe dar estrés que tanta gente espere que tú te la pases creando y tocando genialidades y resulta que no, que nadie es un genio las veinticuatro horas del día. Así que no me extraña que Soda Stereo haya decidido pararlo por un tiempo… Aparte, claro está, que la gente tiene hijos, se casa, engorda...».

Tal como sugiere Alex, la vida de los artistas debe ser dura. Por eso no sería raro que, en medio del éxito y de los excesos que tanta idolatría produce, surjan las bajas pasiones o, al menos, una dificultad para conciliar los diferentes puntos de vista que, sobre el hecho creativo deben tener los distintos miembros de una agrupación. Más allá de los avatares mercadotécnicos que, sin duda, entran en juego en el negocio de la música, esos pequeños imponderables que surgen en toda sociedad (envidias, rencillas, reconcomios, celos…) tienen un peso muy importante al menos en la intimidad de cada agrupación.

Otro grupo que confirmó su vuelta a las tarimas fue Van Halen. Los intérpretes de Unchained, Meanstreet y —¡cómo no!— Pretty woman, vuelven a hacer de las suyas con una gira que asocia otra vez a los Van Halen (Eddie, Alex y ahora el joven Wolfgang) con David Lee Roth.

La historia de esta banda resulta interesante. Luego de veinticinco años ininterrumpidos tocando en cientos de escenarios del mundo entero, hizo un alto en 1999. En ese período pasaron por Van Halen tres cantantes: David Lee Roth, Sammy Hagar y Gary Cherone. En 2004, la banda volvió a salir de gira y a lanzar un compilado de sus grandes éxitos. Cuando terminaron sus presentaciones, el grupo no volvió a aparecer en público hasta el pasado 13 de agosto, cuando sus representantes convocaron a una rueda de prensa para anunciar la nueva gira de la agrupación, el regreso de David Lee Roth (a quien sólo habíamos visto en un par de apariciones fugaces en la quinta temporada de Los Soprano) y la inclusión de un nuevo Van Halen: Wolfgang, el hijo de Alex, en el bajo.

Sobre esta reagrupación, el doctor Igor Escalante afirma: «Voy a hacer lo posible por ir a uno de sus conciertos. Yo los vi cuando tocaron en el Poliedro en 1983, y no quiero perderme su show actual. Por nada del mundo me pierdo a Van Halen con David Lee Roth, ese tipo es todo un personaje».

Cuando miramos al pasado y tratamos de entender los motivos que produjeron la deserción de Roth de la banda, nos damos cuenta de que ahí había una escisión que sólo el tiempo ha ido conciliando.

David Lee Roth abandonó Van Halen porque mientras él tenía un enfoque de la música más cercano al pop, Eddie Van Halen quería componer canciones más complejas y pesadas. Sólo con la llegada de otras agrupaciones y de otros artistas, como Kurt Cobain y Marilyn Manson, la brecha entre la música pop y el rock duro dejó de tener sentido.

Para concluir, las palabras de Alfredo Escalante siempre resultan esclarecedoras:

«Te imaginarás lo que significa para mí que bandas como Queen o como Van Halen sigan tocando. Yo los presenté en El Poliedro y tengo cuentos con sus integrantes. Con David Lee Roth, por ejemplo, tengo una historia violenta. No sé por qué alguien se metió con él en la puerta de una discoteca y resulta que el tipo es karateka. No te quiero contar cómo quedó el que lo insultó, cuando Roth comenzó a pegar brincos y patadas. Con Freddie Mercury, tengo otro cuento: resulta que cuando lo entrevisto, en Maiquetía, recién bajado del avión, lo veo y me doy cuenta de que sus lentes Rayban son iguales a los míos... Iguales, pero rayados. Cuando me di cuenta de eso, no pude concentrarme en la entrevista».

Y sobre los conciertos añade:

«Estas presentaciones son muy importantes. Es muy bueno que los más jóvenes, sean músicos o no, tengan la oportunidad de ver a estos monstruos tocando en vivo. Yo creo que mirar al pasado es la única forma de mirar hacia el futuro sin ingenuidad, sin creer que la historia se divide contigo y con tus gustos particulares».Mientras los integrantes de esas bandas que hicieron historia con su música sigan vivos y con fuerzas, el sentimiento seguirá encendido, y si no lo creen, piensen en la regreso de Led Zeppelin (tocaron el pasado 10 de diciembre), otro de los monstruos del rock, otra de las grandes bandas, otros de los artistas que nos han hecho felices durante décadas.

Que así siga siendo por mucho tiempo.