lunes, noviembre 19, 2007

LA GLORIA DE TENER CARRO
Hoy le dedicaremos este espacio al carro, automóvil, coche o vehículo, ese portentoso invento que vino a acabar con las distancias y a procurarnos una experiencia que hoy es común para todos nosotros, pero que durante siglos no lo fue para nadie. Me refiero a poder experimentar la velocidad desde una cabina cerrada en la que si quieres, puedes poner música, encender el aire acondicionado y dormir (si no vas manejando).

Si tienes carro, puedes irte de una fiesta aburrida cuando quieras. Si tienes carro, no te tienes por qué calar el mundo lleno de empujones, gritos y fritangas de los autobuses, los taxis, las camioneticas y el metro. Si tienes carro, puedes poner a todo volumen la música que a ti te dé la gana. Si tienes carro, te puedes ir a Choroní cuando quieras (o cuando tus deberes te lo permitan). Si tienes carro, te metiste en un lío; estarás atrapado en cientos de colas y de embotellamientos en las horas pico.

Y nadie te salvará.

Hay gente a la que le da miedo manejar. Hay manganzones de 38 años que todavía no saben conducir (como mis amigos Enrique Enríquez y Joaquín Ortega). Hay gente que sólo maneja autos pequeños y automáticos. En cambio, hay gente a la que sólo le gustan los lanchones, valga decir: LTDS, Caprices, Conquistadores, Dogde Darts, etcétera. Hay gente que cree que el carro es su vida. De ese modo, comienza a «tunearlo» y a ponerle periquitos de todo calibre. Hay gente que «tunea» tanto sus carros que merece una cueriza. Por ejemplo: los tipos que le ponen luces de neón morado por debajo del automóvil, para que parezca que el vehículo flota, cual platillo volador. Ellos saben que tener un carro es una responsabilidad, pero exageran... Quienes lo tienen todo choreto, echando humo y haciendo bulla, también merecen que les den unas buenas nalgadas. No olviden que una carrocería oxidada hace ver al automóvil como un proveedor de tétano (Milton Quero Arévalo dixit) más que como un medio de transporte, y eso es imperdonable.

La gente que confunde su carro con su vida es aquélla que no tiene plata para comprarse un apartamento, pero sí para endeudarse, comprando un Renault, un Toyota, un Nissan, un Honda un Ford o cualquier vehículo con marca china, coreana y hasta iraní. Esas personas tienen la particularidad de que se afeitan, se maquillan, se visten, comen, duermen, aman, lloran y ríen dentro del vehículo...

Señoras y señores, su atención por favor: se les agradece no hacer cositas dentro del vehículo porque lo empavan. Gracias.

Cuando tienes carro, te das cuenta de lo mal o de lo bien que está el asfaltado en nuestras vías. Caer en un hueco es entrar a una dimensión desconocida. Cuídate de no entrar sin querer en una de esas troneras porque aparecerás en Bulgaria o en un capítulo de Telecómico de hace ventitantos años y verás a Yeyo, a Tilingo y a Sósimo en mallas negras, haciendo de los Hermanos Coraje, lo cual no sería tan malo…

Todo conductor tiene tres enemigos a vencer: los motorizados, los autobuseros y las alcabalas. Los motorizados son expertos en volarte los espejos retrovisores. Los conductores de autobuses son expertos en manejar entre dos canales y en desbarrancarse por ahí, por quedarse sin frenos. Las alcabalas… Bueno, las alcabalas… Henrique Lazo me contó que una vez salió de Televén vestido de Drácula. Como eran más de las doce de la noche, pasó con su Volkswagen por una alcabala y cuando lo vieron vestido del célebre vampiro, lo pararon. Sólo bastaron unos segundos para que los policías terminaran muertos de la risa y dejasen circular al escarabajo donde viajaba Drácula.

El carro, los carros, nuestros carros… En cada uno viaja una historia a ochenta, a ciento veinte, a doscientos o a más. De eso no nos quepa la menor duda.