viernes, septiembre 07, 2007

PUNTOS DE SUTURA
«Puntos de sutura», qué buen título para esta novela que nos presenta Oscar Marcano. Qué buen título para un libro como éste, que nos deja con el corazón arrugado y en la boca.

Puntos de sutura es, ante todo, un caleidoscopio de historias que giran en torno a un personaje que no puede callarse, que no puede dejar de contar historias porque si se calla, el silencio lo lleva a confrontarse consigo mismo, con las cagadas que ha puesto, con los hijos, las mujeres y los deberes que ha abandonado por frívolo, por débil, por pusilánime. En ese sentido, Alfonso Gabanni es una especie de Sherezade que cuenta cuentos para salvarse del verdugo que vive dentro de sí mismo, y que es su propia conciencia.

Para no quedarse en silencio, para tener a quien contarle sus historias, Alfonso busca a su hijo mayor, se lo lleva a una playa y ahí, en la arena, le vacía su alma llena de gente que no supo ser consecuente con sus talentos, de fracasos propios y ajenos, de personajes a quienes se los tragó un tremedal de estupidez y frivolidad. Ese detalle justifica la estructura caleidoscópica de la novela. Alrededor de los Gabanni las olas se van acostando una y otra vez en la arena de la playa y acompañan con su ritmo los cuentos que cuenta el viejo hasta el final, hasta que se queda sin nada que contar.

He ahí el detalle más importante para analizar esta novela que fue finalista del premio Herralde de hace dos años. Puntos de sutura es un enjambre de historias que le cuenta un padre a su hijo, un enjambre de anécdotas que, a veces, no tienen nada que ver con la historia principal, lo cual se le va de las manos a Oscar Marcano en ciertos momentos y te hace pensar en que esa obra tiene carne de elefante en el esqueleto de una jirafa. En otras palabras: la novela sufre ciertas fisuras cuando lees y lees cuentos, lees y lees las extraordinarias historias del Moj, del enano, de Kénide, de Ruth, del piloto Sayegh, del propio Alfonso y de un árabe con mal aliento, y de repente, tú, como lector te preguntas en clara, alta e inteligible voz en la sala de tu casa:
—Ya va. ¿Y Alfonso y su hijo Atenor en la playa? ¿Qué se hicieron?

Alfonso y Atenor siguen ahí, sentadotes en la playa, mientras tú viajas de cuento en cuento… Y qué conste: cada historia es mejor que la otra, más ruda, más brillante, mejor resuelta, más interesante, más conmovedora… Eso sí: en contraposición al estatismo de Alfonso y Atenor echados frente al mar, sin expresar un deseo propio, un objetivo en la vida, algo que los justifique y nos los haga tan interesantes como los personajes de los cuentos que prodiga el padre que nunca dice que viene a despedirse ni a pedir perdón ni a nada.

Ese no decir para qué vino Alfonso Gabanni ni para qué quiere hablar con su hijo —me juego la vida— es el elemento que le quita fuerza a ésta que pudo ser una novela redonda y mucho más extraordinaria de lo que ya es.

Con respecto a las historias que, en ocasiones sientes contadas por el propio Alfonso y, en otros momentos, por sus propios protagonistas, no puedes hacer otra cosa que quitarte el sombrero. Oscar Marcano es un gran gran gran (la repetición del adjetivo «gran» es a propósito) cuentista. Si no lo creen, observen dentro de Puntos de sutura la historia del aterrizaje forzoso del avión del capitán Sayegh o la de la monja fantasma (y con cara de guante de béisbol) que le cuenta el taxista a la mujer del Moj, mientras ella espera a su marido… Por cierto: en esta novela hasta el más pintado cuenta una historia dentro de otra historia… Por eso, en algún punto de la obra, un personaje dice que Alfonso, como narrador, es pródigo en historias-fractales que se abren y se siguen abriendo hasta el infinito.

Sobre el tema de Oscar Marcano como cuentista hay que decir que, en esta misma novela, Oscar expresa su admiración por el realismo sucio norteamericano, y en especial por William Saroyan y John Fante… Él no lo dice, pero sabemos que faltan por nombrar Charles Bukowski y Raymond Carver… La obra que conocemos de Marcano (Sólo quiero que amanezca) está marcada por estos señores, y está bien: todos recibimos influencias de otros, todos asumimos como tutores a otros grandes artistas, pero, ¡cuidado! Si algo hay que manejar con cuidado en esta vida son las enseñanzas de esos maestros. Las historias de Oscar, con sus parejas rotas, sus hijos abandonados, sus borracheras y sus ilusiones perdidas, tienen ese sabor a oxidado que ya hemos leído en esos cuatro grandes, y eso no nos entusiasma demasiado porque para leer las versiones, es preferible volver a los originales… Los originales (especialmente Saroyan y Fante) tienen además algo que no tienen las versiones (sean las de Marcano o las de cualquier otro que se quede obnubilado por la belleza del fracaso): sus historias saltan hacia otros terrenos abstractos, hacia un mundo cercano a la poesía y al misticismo. Obsérvese cualquier cuento de Saroyan de lo que están en El joven audaz sobre el trapecio volante o en Me llamo Aram y obsérvese cómo la dureza del mundo narrado siempre pasa por el tamiz de una conciencia, de una individualidad que se reconoce a sí misma en lo humano, y no se solaza en la derrota o en la rudeza del entorno. Tal es lo que debe aprender todo aquél que admira a la literatura norteamericana de Sam Shepard y Eugene O’Neal a John Fante y Brady Udall.

Puntos de sutura es una gran obra. Su desorden y su debilidad estructural no estropean su efecto caleidoscópico ni su dramatismo, pero sí el que merezca más de cuatro chocolates y el premio Herralde.

Muchas gracias.

15 comentarios:

Artificio dijo...

Qué bueno que le metes a la crítica literaria.
A mí me pasó con esta novela algo increíble, me gustó cuando la leí del mismo modo que a ti, le vi las mismas fallas, pero luego la olvidé por completo y ahora leyendo tu crítica a penas venían a mi mente algunos de esos cuentos. Marcano escribe bien, pero no llega a ese punto en el que la cosa se transforma en obra de arte.

*** dijo...

muy buen comentario, bróder; quedo con ganas de leer y confirmar lo que dices de Fante y el maestro Saroyan.
Me atrevo a sugerirte una cosita para las prócimas notas: que nos des más datos de los libros (páginas, precios, etc.), para que uno se haga una idea, aunque con estos libros venezolanos me va a costar conseguirlo desde aquí, pero al menos para saberlo.
un saludo

*** dijo...

por cierto, veo que da menos morbo al público lector comentar cuando el librod el que hablas te gusta: como siempre, a la gente le gusta más "Alerta" que "Valores humanos", :)

Anónimo dijo...

mira tres estrellas, tienes mucha oportunidad como torturador de la años 40. está probado que los torturadores son buenos padres y buenos hijos, pero son un desastre como seres humanos.
si no quieres que te insulten, no te pongas en lugar de boca e' jaro sin cerebro.

Anónimo dijo...

¿Qué dice este señor (a)? Explíquenme, no entiendo...

Anónimo dijo...

cual de los dos?

Anónimo dijo...

Pues el que habla de un torturador...

rodrigo blanco dijo...

Puntos de sutura es una de las mejores novelas que he leído. El desorden estructural que mencionas es cierto, está presente desde el propio título de la novela que creo apunta precisamente a la dinámica del libro: un conjunto de historias, de heridas, que el hilo doloroso del narrador va cosiendo, suturando.

Sé que algunos ven esto como un valor y otros como una falla del libro. Yo pertenezco al primer grupo, porque la digresión del padre-narrador y la saturación del hijo-narratario está expresada en la novela y de alguna manera expresa también la posible saturación del lector virtual...

saludos.

rodrigo blanco dijo...

Ah coño, y me faltó agregar que el tener esa conciencia de las posibles fallas del propio relato es que lo que, a mi parecer, terminar de blindar y proteger la novela.

ROBERTO ECHETO dijo...

Rodrigo, yo sigo creyendo que la pareja Alfonso-Atenor conversando en la playa conforma un esqueleto demasiado flaco para la voluminosa musculatura de cuentos que los rodea.

No sé por qué, pero en este momento se me viene a la mente el primer libro de El Quijote. Ahí pasa algo parecido a esta novela. La historia de Don Quijote y Sancho se ve entelerida al lado de la novela de El curioso impertinente, de las historias de Cardenio, de Dorotea, de Marcela, de Crisóstomo y del cautivo. Es como si el novelista necesitara pegar cuento tras cuento tras cuento tras cuento para lograr una novela, y no es que eso esté bien o mal porque ahí no hay realmente un problema. El problema como tal comienza cuando ves que ese cúmulo de historias producen un desequilibrio.

En el primer libro del Quijote ese desequilibrio se da (y no lo niegues. Cuando uno va por la mitad de El curioso impertinente se pregunta: "¿cuándo irá a terminar esta vaina?") porque Don Quijote y Sancho aún no se han desarrollado con la plenitud que se desarrollarán en el segundo libro.

En la novela de Marcano el desequilibrio se produce porque la escena en la playa que recorre todo el libro es débil, sus actantes no hacen nada, no se enfrentan ni se confrontan con nada más que con un pocote de cuentos, que son una maravilla sí, pero que necesitan un elemento lo suficientemente poderoso que los amarre y nos hagan olvidar que son cuentos que abren y cierran y que a veces no tienen nada que ver con nada (toma como ejemplo de unos cuentos que no tienen nada que ver con nada el de Sayegh hablando con la chica que le echa pan a los bagres).

Concuerdo contigo en que el que se llame "Puntos de sutura" le da cierto cierre a la herida, pero creo que en la columna vertebral de la novela sigue existiendo una debilidad que no se cierra con hilo y aguja.

Sigamos conversando.

Y muchas gracias por darle altura a este debate, querido Rodrigo.

Roberto Iza dijo...

Recuerdos

Anónimo dijo...

Amigos, mi opinión cuenta poco pues desconozco la dinámica literaria de este país. Sólo soy un lector extranjero, amigo de escritores y estoy de paso. Vengo de Buenos Aires donde el narrador Santiago Sylvester me recomendó Puntos de Sutura. Al llegar, la compré y la leí al rompe. Les digo que esta es la mejor novela que he leído en mucho tiempo. Después unos amigos de acá me hablaron de los blogs y de uno a otro llegué a este, donde reconocí la portada del libro y ahora me atrevo de dejarles estas palabras. Si esta novela es una muestra de la literatura que se hace acá, francamente muy pronto estarán en el mapa de la literatura internacional. La factura de esta novela es de un nivel muy alto. Los felicito a todos y a Marcano por esta obra sorprendente. Muchas gracias.

Anónimo dijo...

Coincido. Ese autor no tiene desperdicio. Es discreto y cuando publica, lo que muestra es radiactividad pura. Yo no sé de dónde saca el Echeto el cuento del elefante y la jirafa. Que aprenda a escribir primero.

Anónimo dijo...

¿Desorden? ¡Increíble! A raíz de la crítica, compré la novela, me la leí de un tirón y... qué va, Echeto. Eso es un novelón. Cómo se te ocurre. Yo no sé quién aquí tiene ese nivel. Las historias que dan cuerpo a la obra son redondas (ni de casualidad es un libro de cuentos, esa es una novela tremendamente estructurada, serísima)

sylviachavez dijo...

¨Puntos de sutura¨ es una novela que me ha llegado hasta los tuétanos... Soy guaireña, además, y los recuerdos de Alfonso sobre las playas de La Guaira me hicieron saltar las lágrimas... y los efectos del deslave, ni se diga.. y además, como soy una escultora frustrada por razones que no vienen al caso, su descripción del proceso creativo me dejò atònita!! Hay que haberlo vivido para poder narrarlo de forma tan exacta. Es una de esas novelas que provoca releerlas no vaya a ser que se haya escapado algùn detalle. Lo felicito, Sr. Marcano y me quito el sombrero ante usted. No soy ninguna conocedora de técnicas literarias ni mucho menos, pero sí soy una lectora empedernida y su novela me marcó la vida.
Sylvia Chávez (Traductora)