lunes, septiembre 10, 2007

HABLANDO POR LA TAPA DE LA BARRIGA Queridos amigos, lean el artículo que, de Tomás Eloy Martínez, salió publicado ayer en El Nacional, en la página 10 del cuerpo llamado Siete días. Observen las barbaridades que de Jorge Luis Borges dice Paul Auster, un ídolo de muchos de Uds.:

«…pero a Auster no le gusta Borges. En 1991 me dijo que su escritura le parecía “la de alguien que no ha madurado en la vida” Adhirió entonces el juicio de Vladimir Nabokov, para quien leer a Borges era como recorrer un palacio esplendoroso. Se avanza por los salones y no se puede creer en tanta magnética belleza. Parece un set de Hollywood. Detrás de tanta magnificencia todo está vacío.».

Luego añade:

«Le recordé esas opiniones de hace 16 años y las confirmó aunque con menos énfasis que entonces. “Borges es… no sé cómo decirlo… un escritor menor genial. Sí, es eso: un escritor menor genial. Creo que su mayor fuerza radica en el hecho de que conocía sus límites. Ni siquiera intentó escribir novelas, no podía hacerlo. En cambio, perfeccionó aquello que sí podía hacer. No hay nada en Borges que ilumine, conmueva, aflija, golpee el corazón de los hombres”…».

A pesar de que se ve que Paul Auster habla desde la más profunda ignorancia, por no decir que desde el más profundo desprecio hacia la literatura hispanoamericana, debemos reivindicar el hecho de que exprese su opinión. En otras palabras, mis queridos amigos, en este mundo no hay jueces definitivos. En el universo de las opiniones todas son válidas y lo que importa es el respeto que nos tengamos unos a los otros al emitirlas, al oírlas y al rebatirlas.

De eso trata la democracia.