martes, agosto 21, 2007

EL EFECTO BARCELONA
Uno de los esperpentos a los que nos estamos enfrentando en los últimos años es al efecto Barcelona. Todo el que va para allá (menos mi amigo Sergio Márquez, lo certifico) cree que el sólo hecho de caminar por las ramblas, ya es garantía de estar haciendo algo arrechísimo, algo que le da patente de corso para convertirse en juez sobre lo que, en materia artística, literaria y de moda, es bueno o malo. Creen que con, nada más pisar los adoquines que pisó Gaudí, es suficiente para adquirir el título que lo califica para el arbitraje de las artes y de los saberes, aunque en realidad, estos personajes no hayan escrito ni dibujado ni pintado ni diseñado nada de nada.

Dios se apiade de los campurusos que se han convertido en víctimas del efecto Barcelona, sobre todo porque se apropian de una gloria que no les pertenece.

¿Qué han hecho ellos para que Barcelona sea Barcelona? Nada. Sólo ir para allá, imitar el habla, dejarse obnubilar por la marcha y por la propia ciudad, aparte, claro está, de hacer un postgrado en algo inútil que justifique su estadía en tierras catalanas.

Lo dicho: Dios, líbranos del efecto Barcelona.