lunes, julio 09, 2007

LAS DIFERENCIAS HABITUALES Hoy hablaremos sobre esos pequeños acontecimientos que nos desordenan la vida y que se ven diferentes desde las perspectivas femenina y masculina. Por ejemplo: para un hombre es un fastidio que uno de sus panas lleve a su jeva a una reunión donde hablarán sobre béisbol, mujeres y rock and roll.

Hay cosas en las que las damas y los caballeros jamás se pondrán de acuerdo, verbigracia que se diviertan juntos comprando herramientas en una ferretería. A las mujeres les fascinan los noticieros del corazón donde salen Isabel Pantoja, Raphael, Miguel Bosé, Jesús Quintero, los Príncipes de Asturias y todo el jet set europeo. Para un hombre es un fastidio saber qué hizo o dejó de hacer la baronesa de Thyssen, con quién salió esta vez Penélope Cruz o si el marido de Isabel Pantoja es un macarra. Para una mujer es un fastidio que el marido tenga en sus manos el control del televisor y para un hombre es una tragedia digna de Sófocles que se caiga la banda ancha.

Para un hombre es un fastidio tener que ir al cumpleaños de «la mejor amiga» de su novia. Para una mujer es un fastidio estar en una fiesta y que el novio se quiera ir ya. Para una mujer es un fastidio bíblico tener que ir con el novio a la casa de uno de sus amigotes a ver un partido de fútbol americano, una pelea de boxeo o un partido de béisbol.

Para las mujeres es un fastidio que haya películas que su marido vea una y otra vez sin importarle que sean repetidas. (Lista de películas que un hombre puede ver setecientas mil veces sin fastidiarse: El padrino I y II, La roca, Carlito’s way, El vengador anónimo I, II y III, Taxi driver, Million dollar baby, Hellboy, Gladiador, las obras completas de Jenna Jameson y Asia Carrera).

Para un caballero es una desgracia tener que levantarse de la cama para buscarle a su esposa un vaso de agua.

Un hombre y una mujer jamás se divertirán juntos en un bautizo, en una primera comunión, en una piñata o en un baby shower. Es más: un hombre de verdad no va a baby showers.

No hay nada más fastidioso para una mujer que entrar con el marido a una tienda de discos. Por cierto: el único lugar del planeta Tierra donde un hombre puede poner a todo volumen sus discos de Rush, Jimi Hendrix, Metallica y Wolfmother es su carro, cuando viaja solo o con su hijo de dos años.

Nunca verás a un caballero acompañando a su jeva a la peluquería. Eso no existe.

Para un caballero es un fastidio ir con la novia, con la esposa, con la hermana o con la mamá (o con las tres) de compras. Para una mujer puede llegar a ser una tortura entrar con su marido a una tienda de computadoras. Para un hombre normal (no para un manganzón) resulta una tortura psicológica el que su jeva sepa más que él sobre mecánica.

Ir al mercado con una dama puede ser una tortura. Ella te dice: «métete en la cola de la carnicería»… y cuando haces dos horas de cola y compras toda la carne que ibas a comprar, te dice: «ahora métete en la cola de la charcutería».

Todas las mujeres odian a uno de los amigotes de su novio y/o marido. Un amigo califica de «amigote» cuando el marido llega a la casa tarde y en mal estado cada vez que sale con él… Lo peor es que todos tenemos un amigote.

Para una mujer es insoportable comerse la grasita de un churrasco.

Para un hombre de verdad no hay parrilla sin morcilla.

Para un hombre de verdad no hay nada más terrible que tener una jeva vegetariana.

Para una mujer es terrible verse gorda. Para un hombre es terrible que su jeva no esté un poquito maciza. Hombres y mujeres por igual odiamos la celulitis.

No podemos vivir los unos sin los otros, pero a veces cuesta mucho convivir con las diferencias. Por culpa de esos desencuentros, existen tantos chistes sobre maridos y esposas, y tantos cómicos viviendo de ellos.

Qué Dios nos libre de las suegras.