jueves, julio 26, 2007

INVITACIÓN PODEROSA Damas y caballeros, La Carnicería Arte Actual y Los Hermanos Chang tienen el agrado de presentar a Enrique Enriquez y su Poesía de la mente. Miércoles 15 de agosto, 8 pm, La Carnicería, Av. Trieste con Madrid, La California Sur.
EL TAROT, LA ILUSIÓN IRRESISTIBLE

El tarot

Una de las características más sorprendentes del tarot es que cada una de las setenta y ocho cartas que lo conforman presenta la identificación de una característica del espíritu humano. Al combinar las cartas, en una consulta, esas características interactúan, se mezclan y cuentan historias que adquieren un sentido distinto para cada persona.

Cada carta contiene la identificación de una cualidad del alma humana, pero traducida a imágenes. De ahí que el del tarot sea un lenguaje universal. Como cada carta contiene un símbolo, y cada símbolo representa una cualidad, este método de conocimiento trasciende los idiomas y las barreras espacio-temporales. De manera que cualquiera, en cualquier lugar, puede consultar el tarot y obtener una respuesta de él.


El lector

Enrique Enriquez vive en Nueva York desde hace siete años. Cuando emigró de nuestro país, la gente lo conocía por sus pinturas, por su libro Nadie deja pasar un tequeño, por sus performances y por el extraordinario sentido del humor que destilaba su programa radial El show de la gente bella. Hoy en día, después de haberse dedicado a investigar con auténtico interés los intríngulis del mundo del circo, de la magia y del mentalismo, Enrique se ha concentrado en el tarot. ¿Por qué? Porque el tarot es una manera de tener contacto directo con las personas, de producir un chispazo de belleza y de estímulo en sus vidas.

Enrique, ¿qué es el tarot: un método de adivinación o de auto-conocimiento?
Yo diría que la adivinación es un método de autoconocimiento, y el tarot el principal método adivinatorio de occidente.

El tarot es una obra de arte anónima, y aunque las cartas se usaban originalmente para el juego, tal como se sigue haciendo hoy en algunos países europeos, no se sabe bien por qué, aparte de las cincuenta y seis cartas habituales, alguien agregó las veintidós que hoy en día son más famosas. Lo que sí podemos hacer es intuir en esas veintidós cartas un mito, no en el sentido de “falsedad”, sino en el de “verdad profunda”, que corresponde con todas las gestas heroicas conocidas, y con el mito de la redención cristiana.

Con el tarot, uno pone en la mesa al inconsciente, los sueños de Freud, los arquetipos de Jung, los Orishas del santero, los cuentos de cuna y las épicas literarias, para que se reorganicen y le hablen a la persona que mira las cartas, diciéndole: “el universo te reconoce a TI de esta manera...”. En ese sentido, yo creo que el tarot es una ilusión irresistible.

¿Qué busca la gente en el tarot?
Depende. Para quien lo estudia, el tarot es una “escuela de la mirada” que nos enseña a comprender al mundo como una obra de arte y al ser humano como un ser sagrado. Para quien lo consulta, el tarot ofrece esperanza e inspiración. El tarot puede usarse para redescubrir en la persona los símbolos que le permitirán relacionarse con sus problemas en modo prospectivo al insuflar en quien lo consulta la certeza de que puede hacerle frente al futuro, y eso porque el tarot no le habla a la razón, sino a las emociones, no a la mente, sino al alma. Ese es el “tarot para adultos”. El “tarot para niños” es el que se amolda a nuestro ego, y ya no es el tarot, sino “el tarot de las hadas”, “El tarot gay de Cher”, “El tarot de Ernest Borgnine”... El que nos ofrece predecir el futuro y nos amenaza con profecías.

¿Qué se necesita para ser un buen tarotista?
Un genuino interés en las personas, a quienes uno debe aproximarse con humildad, sabiendo que ellas saben más de sí mismas que tú. Confianza en la imaginación y en su capacidad de crear la realidad. Conocimiento de las cartas que debe ser flexible y no dogmático; y sentido del humor, para no pasar de lo sublime a lo ridículo.