jueves, mayo 24, 2007

LAS EXCUSAS DE PIEDRA
Hay gente experta en llegar tarde a todos lados y para ello tiene un repertorio de cuentos. En esos cuentos abundan los choques, los accidentes y los fiscales de tránsito. Con esas excusas hay que tener cuidado porque hay quien ha matado más de una vez a su abuelita. En otras palabras: tienes que tener cuidado de no repetir la misma excusa con la misma persona.

Lo único bueno del tráfico contemporáneo es que tienes la excusa perfecta para llegar tarde a todas partes.

Hay gente que es experta inventando cuentos extraños. Hay gente capaz de comprarse un collarín en una de estas farmacias gigantescas para llegar a la oficina diciendo que tuvo un accidente.

Todavía a estas alturas de la humanidad hay maridos que llegan tarde a la casa y tienen que inventar un cuento para que no les armen un peo. Hay unos sinvergüenzas que después de tremenda juerga con mujeres, tragos y demás, paran el carro a media cuadra de la casa, abren el capó y le jurungan el radiador, el alternador y los bornes a la batería. De ese modo, llegan a su casa diciendo que “tuvieron un problemita con el carro”.

Lo importante de dar excusas es lograr dos cosas:

1) Que la gente las sienta no sólo como una explicación de por qué no cumpliste con tu deber, sino que las sienta además como una disculpa.

2) Que logres cambiar de tema inmediatamente.

Cuando des una excusa, trata de lograr que la conversación gire hacia otro tema. Por ejemplo: si dices que pasaste la noche en la policía poniendo una denuncia, gira la conversación de inmediato hacia el tema de la inseguridad.

Para inventar una buena excusa tienes que cultivar la imaginación de un escritor. Veamos algunas excusas ejemplares:

* “No pude ir porque se me rompió un tubo en el baño de la casa” (las excusas con plomero siempre son buenas).

* “No pude ir porque Jorgito se cayó de la bicicleta” (las excusas con hijo nunca fallan).

* “No pude ir porque algo me cayó mal en el almuerzo y estuve evacuando toda la noche”.

* “No puder ir porque era el cumpleaños de mi mamá”.

Hay situaciones inexcusables. Por ejemplo: que te pierdas tres días de tu casa y luego regreses bronceado; que te tomen una foto con otra jeva; que te vean con un tipo agarrado de manos.

El mundo de las excusas puede llegar a ser infinito en una ciudad comcontemporánea. Pero, a
veces, lo que de verdad sucede es más sorprendente que cualquier excusa y la gente no te cree. Cuando eso pasa, es mejor no decir nada y soportar el bochorno de haber llegado tarde o de no haber cumplido con una tarea.

Tres excusas sorprendentes:

* “No, mi amor, yo no me hice la cirugía plástica. Es que he estado haciendo muchos ejercicios y por eso me crecieron estos pectorales”.

* “No, señor, no hay línea porque una rata se comió la banda ancha”.
* “No, mi vida, yo le estaba dando respiración boca a boca porque se estaba ahogando en el lounge”.