domingo, abril 01, 2007

LAS VENEZOLANADAS ILUSTRESUna «venezolanada» es una situación extraña en la que se produce (de manera espontánea) una mezcla de arrogancia y ridículo.

Afirmar (y no dudarlo jamás) que las caraotas tienen hierro.

Afirmar (y no dudarlo ni por un segundo) «yo rascado manejo mejor».

Una venezolanada clásica es vivir en el extranjero y tener un cuatro, unas maracas y unas alpargatas colgadas en la pared de la sala principal de donde vives.

Aplaudir cuando aterriza el avión.

Llevar a toda la familia a despedir o a recibir al primo viajero (una de las pocas cosas buenas que trajo la Trocha es que ya no van familias enteras al aeropuerto a despedir ni a recibir a nadie).

Ir a Margarita en ferry con toda la familia. Y cuando decimos «familia» nos referimos a los cuatro abuelos, a los tíos abuelos, a los suegros, a los primos, al gato y al perro.

Creer que éste es el único país donde hay mujeres hermosas, clima sabroso y paisajes fenomenales.

Creer que el silencio es sinónimo de aburrimiento.

Creer que en el autobús (o en el metro) siempre caben más pasajeros.

Creer que el bigote te hace más macho (y eso vale también para las mujeres).

Creer que la malta alimenta.

Querer a la mamá por sobre todas las cosas (el venezolano es mamero).

Creer que la elegancia está en el flux y no en la conducta.

Ser mesonero, tratar mal a los clientes y encima quejarse porque no te dejan propina.

Ir al médico y luego decir que ese médico no sabe nada, que quien sabe es el brujo.

Hacer un sancocho en una lata de aceite en la orilla de un río. Calarse sin chistar todas las colas del mundo para sacarse la cédula y el pasaporte.

Confundir manadas con cardúmenes.

En vacaciones, todo el mundo se va a la playa sin importar que no haya hotel ni agua ni servicios.

No puedes oír unos tambores porque bailas de una vez.

Echarle azúcar a todo.

Meterse cuatrocientos papeles, el recibo de la luz y un porta-lentes en el bolsillo de la guayabera.

Creer que porque eres viejo no puedes darte el lujo de hacer el ridículo.

Ponerse guantes de lana, bufanda, chaqueta, pasamontañas y súeter para ir a la Colonia Tovar.

Decir que Maracaibo es igualita a Miami.

Un venezolano no puede estar con un argentino o con un mexicano porque comienza a imitar sus respectivos acentos.

Creer que la arepa es un alimento exclusivamente venezolano.

Creer que leer pasma.

Creer que bañarse después de comer pasma.

Creer que una camioneta gigantesca sustituye la falta de sentido común.

Creer que así como estamos, estamos chévere, que nunca podremos estar mejor.