viernes, abril 20, 2007

EL TEOREMA DE JESSICA ALBA
Jessica Alba dijo en una promo de Sin City:

«Una buena historia surge cuando tienes a un personaje común y corriente en una situación espectacular o a un personaje superdotado en una situación trivial y cotidiana».

Ni Umberto Eco, ni Roland Barthes, ni Julia Kristeva, ni Tzvetan Todorov, ni Jürgen Habermas ni ninguno de los más ilustres teóricos de la comunicación ha dicho jamás algo tan rotundo y tan útil para aquéllos que se forman como escritores.

Esas palabras, damas y caballeros, constituyen El teorema de Jessica Alba.

Y como ejemplo que ilustrará la contundencia del mencionado teorema, aquí tienen un cuento.
CHEVY CHASE EN CHACAO

Ayer salí con mis suegros y mi pequeño Rodrigo al automercado.

Un hüevón se estacionó detrás de mí y no me dejó espacio para salir del estacionamiento de mi edificio. Así que, con la ayuda del vigilante, me puse a maniobrar para tratar de sacar el auto, pero no pude. Me rendí. Era mejor tocarle el timbre al abusador que me taponó la salida de mi puesto que perder media hora maniobrando en ese pequeño espacio sin garantía de poder salir. Cuando Anita, mi querida suegra, me vio caminando hacia el intercomunicador, me dijo: «dame acá esa llave. Yo lo saco». El resultado de su confianza en sí misma y de sus maniobras fue que pegó nuestro pequeño Twingo contra una columna y lo hizo de tal modo que si avanzaba o retrocedía, chocaba contra ella y volvía mierda la carrocería.

Ni para adelante ni para atrás.

En medio de mi rabia disimulada bajo una capa de Séneca, llamé al vecino que estacionó mal su auto. El hombre bajó y después de expresarle mi queja, él, el vigilante, mi suegra y yo nos pusimos a disertar sobre cuál sería la mejor manera de sacar el Twingo sin rayarlo.

Entonces, como un rayo que cae del cielo, el vigilante y el vecino abusador tuvieron una revelación. ¿Saben qué hicieron?

Cargaron mi auto.

Uno se puso de un lado y el otro del otro, se agacharon, agarraron la carrocería, dijeron «1, 2 y 3», pujaron y levantaron mi Twingo como si fuera una carretilla.

La fuerza bruta no tiene límites.