martes, abril 17, 2007

EL RIDÍCULO INFINITO
· Hay diversos ridículos. Veamos:

Hay un ridículo “lingüístico” que se da cuando usamos palabras pasadas de moda. Por ejemplo:

· Llamar “pavo” a un chamo joven.

· Decirle “jamón” a un beso largo y contundente.

· Llamar “muna” a la plata.

· El ridículo lingüístico también sale a flote cuando tratas de hablar enredado, simulando que sabes hablar muy bien. Por ejemplo:

· Decir “tepsto” en lugar de “texto”.

· Decir “recesión” en lugar de “recepción”.

· Decir “Wasinton” en lugar de “Washington”.

· Decir “Lluston” en lugar de Houston”.

· Decir “adquerir” en lugar de “adquirir”.

· Las ridiculeces, por lo general, ocurren sin que la persona se dé cuenta de que está poniendo la torta. Lo único que diferencia el ridículo de la comicidad es que quien lleva a cabo el acto cómico tiene el control de la situación y se ríe de sí mismo. Si tú te caes y pones cara de que no pasó nada (y por dentro te estás retorciendo del dolor y de la pena), haces el ridículo. Si tú te caes y te ríes de ti mismo, puedes hacer de esa caída algo humorístico (aunque el dolor te carcoma el alma).

Hay otra clase de ridículo: el que tiene que ver con el neoriquismo. Por ejemplo:

· Comprarse una Hummer y pegarle una calcomanía del Ché Guevara.

· Desayunar con champaña y caraotas.

· Pedir pan para comer sushi.

· Tomarse una foto en la torre Eiffel de Disney World.

· Decir que fuiste al Louvre y que “no pudiste verlo todo”… pana, la humanidad tiene 30 siglos produciendo obras y tú pretendes verlo todo en una tarde.

· Comprarse un Reverón y confundirlo con un coleto.

· Pedir un pitillo para chuparse la salsa rosada de un coctel de camarones.

· Acabar con la mesa de quesos en una boda.

· Pedir un Tupperware para llevarse la comida de la fiesta.

· Comprarse dos tigres de porcelana tamaño natural y ponerlos en la entrada de la casa.

Hay otro tipo de ridículo que es muy grave y que va ligado a la ignorancia y a la mala educación. Por ejemplo:

· Creer que Armani es una marca de televisores.

· Creer que Richard Clayderman es como Mozart.

· Creer que Shakespeare era músico.

· Creer que Pelé es venezolano.

· Decirle, en estado de ebriedad, a un policía: “es que tú no sabes quién soy yo”.

Hay un ridículo involuntario que generalmente va ligado a los grandes bochornos. Por ejemplo:

· Ir a un sitio, preguntar por fulanito y que te respondan: “no, él se murió el año pasado”.

· No saber que el tipo que tienes al lado es el novio de la jeva a la que te estás buceando.

· Imagínate que te quedaste a estudiar en casa de un pana, que te dormiste en su sala y que de pronto comenzaste a hacer “ruidos extraños”.

· Echarle los perros a una jeva y que te den ganas de cagar.

· Estar con una chica muy bella a quien acabas de conocer y de pronto aparece un perro y tú sales corriendo, dejando sola a la chica.

· Que la chica a quien le estás echando los perros te vea haciendo bombitas de saliva.

· Que, siendo un tarajallo, te chupes el dedo mientras duermes y tus panas te tomen una foto en ese plan.