martes, abril 24, 2007

EL CÍRCULO DE LOS ENVIDIOSOS
Hace años, me la pasaba dibujando y dibujando en mis cuadernos negros. En 1999, cuando se abrió la convocatoria para el Salón Pirelli de aquel año, envié cuarenta cuadernos de dibujo que reunían diez años de trabajo.

Un día, un gordito que estudió conmigo se me acercó y me dijo: «yo habría podido participar en este salón, si me hubiera puesto a dibujar. Cuando me ponga a dibujar, yo también voy a ser artista».

(Dijo «artista» con ese tonito burlón con el que se pronuncia esa palabra en esta época malhadada).

Al principio me dio mucha rabia ver lo igualado que era el gordito (más ganado a las pepas, a la vida nocturna y a hablar pistoladas que a trabajar de verdad). Pero poco a poco me di cuenta de que en esas palabras había una revelación. Lo único que nos diferenciaba al gordito y a mí eran mis cuadernos. Él dibujaba muy bien, pero no trabajaba todos los días, no hacía nada en realidad.

Aunque suene obvio, lo único que diferencia a un artista o a un escritor de una persona normal, es que el artista o el escritor se sienta horas y horas a trabajar en sus historias y en sus dibujos. Si no te sientas, si no te dejan sentarte, si no tienes la paciencia, la concentración, las ganas y algo que decir, pues al pasar diez años (o diez días) no tendrás nada.

Y serás siempre un gordito envidioso que pierde su tiempo dejando mensajes injuriosos en espacios como éste.