lunes, febrero 05, 2007

EL ARTE DEL ENTRETENIMIENTO En esta época no hay nada más difícil que encontrar un entretenimiento gratuito. Ir a un concierto, a comer helados con tu novia o a un juego de béisbol con tus amigos, supone gastar sumas estrambóticas de dinero. Ni siquiera ver televisión (televisión de verdad) en casa es gratis. Miren Uds. lo que cuesta al mes mantener el cable, y conste que soy de los que cree que la banda ancha es un artículo de primera necesidad en vista de que nos mantiene conectados con el mundo. Pero dejemos la digresión y volvamos a lo que nos ocupa, que es la imposibilidad de encontrar en esta época rara e intensa una manera de entretenernos que no cueste tanta plata.

Si queremos ir al cine, tenemos que soportar una cola para pagar las entradas que valen una fortuna; otra para comprar las cotufas que también producen la ruina de cualquier ser humano, y otra para entrar a la sala, donde nunca hay dos puestos contiguos, de manera que tú te tienes que sentar, por lo menos, a seis metros de tu novia… Y, claro, a esta relación de eventos fascinantes, habría que añadir la cola para salir del estacionamiento, cuyo precio está regulado por las autoridades competentes, lo cual no tiene la menor importancia luego de haber gastado tanto dinero en todo lo demás.

Quizás habría que definir mejor las cosas y tratar de verlas de otra manera para no amargarnos. Tal vez no debamos esperar que aquello que nos entretiene sea gratuito, pero sí que tenga un precio justo porque una vida sin tiempo libre, no vale mucho la pena. Nada peor que privarse del divertimento porque la imaginación y la alegría de vivir, se atrofian y se transforman en amargura. Hay gente seca que «vive» como zombi al no haber encontrado aquello que la entretiene, aquello que la saca de su realidad y la mete en otra más interesante. Por eso, aunque el dinero no abunde, hay que invertir en entretenerse.

Las mujeres, que siempre han sido expertas en el arte de hacer rendir el dinero, han inventado varias fórmulas para divertirse sin gastar demasiado. Vean Uds. que no hay nada más entretenido para una dama que ir a la peluquería y enterarse de la vida de su peluquera, de la muchacha que le hace las uñas o de la señora cuyo peinado parece un casco. Una peluquería es un universo con todo y sus sistemas solares, sus agujeros negros, sus super novas (hay señoras que parecen constelaciones), sus cometas y sus asteroides; por eso son tan entretenidas y por eso a las mujeres les gusta tanto la astrología…

En el mundo masculino no hay nada que siquiera se le acerque a la peluquería. Del bar, por lo general, los caballeros salimos viendo doble y más tristes que antes de haber entrado. Eso sin contar con que nos vamos con las alforjas vacías… Por eso quiero ofrecerles mi consejo a aquellos que no saben cómo acabar con el aburrimiento que los corroe y que se suma a la montaña de responsabilidades que tiene todo hombre que se respete.

Lean bien: si no hallan qué hacer con sus vidas, hagan como mi amigo Joaquín Ortega y métanse en un supermercado a escoger tomates; obsérvenlos, pálpenlos y cuando hayan guardado los mejores en una bolsa, déjenlos ahí, no importa. Lo que de verdad interesa es que Ud. haya pasado un rato pensando sólo en los tomates y no en sus problemas. También puede meterse en un autolavado de ésos donde hay una máquina automática en el que te permiten permanecer dentro del carro mientras lo están lavando… Cuando estés ahí dentro, observa los dibujos que forma la espuma del jabón en los vidrios, oye el ruido de los chorros de agua que golpean la carrocería de tu automóvil… ¿No son una belleza?

Si esos consejos no son de tu agrado, puedes irte a una tienda de animales a ver las peceras… También puedes invitar a tu novia al cine, pero ya sabes lo que te espera.