martes, enero 23, 2007

EL TATUAJE

Esta es la historia de Emerson Graterol, un hombre común y corriente que fue con su esposa y su hijo a la playa y tuvo la mala fortuna de ver cómo delante de su toldo, se apostó una familia de extrañas costumbres.

El padre de tan particular familia llevaba un tatuaje del Calendario Azteca en la espalda y cada vez que se dirigía a su hijo lo hacía utilizando el calificativo «rata»:
—Ven acá, rata. No te metas en lo hondo, rata. Ven para echarte más protector solar, rata. Cuidado con ese cangrejo, rata.

Emerson Graterol vio a aquel padre que llamaba «rata» a su hijo y sintió que la sangre le hervía. Muy pronto se imaginó que con cada barbaridad que decía aquel hombre tosco, el tatuaje del Calendario Azteca comenzaba a brillar con un fosforescente fulgor que seguramente tendría su réplica exacta en el Museo de Antropología de Ciudad de México, donde el Calendario Azteca original brillaba y temblaba, haciendo correr de terror a los visitantes y a los trabajadores de la institución.

Aquella fantasmagoría apocalíptica en la que el Calendario Azteca temblaba en México gracias a las barbaridades que un padre venezolano le decía a su hijo, desapareció cuando Emerson Graterol se dio cuenta de que el apelativo «rata» era normal en aquella familia en la que, por lo visto, el cariño había asumido las más extrañas formas.