viernes, enero 12, 2007

EL PELUQUÍN

Ver gente con postizos siempre es embarazoso, como le sucedió a Michael cuando fue con su novia al curso prematrimonial que tienen que hacer los novios antes de contraer nupcias. Resulta que Michael y Guillermina estaban sentados en la última fila de un salón pequeño pero bien iluminado en el que un sujeto, más aburrido que entregado al pastoreo de los futuros esposos, les hablaba de la importancia de la familia y bla, bla, bla...

El caso es que Michael y Guillermina comenzaron a fijarse en las parejas de noviecitos que tenían delante de ellos y pronto, entre tanta nuca, encontraron el detalle que les proporcionaría diversión en medio de tanto Dios es Amor y de tanto San José, la Virgen y El Niño. Allí, en el cogote de un novio cristiano cualquiera, se asomaba a todas luces un peluquín que colgaba como una extraña ave, como un pequeño zopilote posado sobre la cabeza de aquel novio que, a pesar de su rara calvicie, había encontrado a su media naranja. A partir de ese momento, para Michael y Guillermina el curso prematrimonial adquirió un nuevo sentido y ya no sería recordado como un pesado escollo en el camino de la felicidad conyugal.