miércoles, noviembre 08, 2006

PALABRAS CELESTIALES

Qué disparate de mundo. ¿Habrá fallado Él, que nunca se equivoca? No. Él no se equivoca... Él es Él... Él les dio el libre albedrío y ustedes lo usan para lanzarse por un barranco, para fraguarse su propia infelicidad y para hacer infelices a los que los rodean. Ay, si ustedes se vieran... Pero, ¿qué van a ver, si cada día están más ciegos? Una se les aparece en todas partes —sola o con este niño a cuestas— y nadie me ve... Nadie me ve o nadie me quiere ver... Eso sí: a la hora de un lío corren a la iglesia a prenderme velas... A veces me gustaría darles una sola nalgada para que lloren y para que aprendan que deben comportarse bien, pero una tiene que frenarse porque dizque son adultos y una no puede pegarle a los hijos cuando están bien creciditos... Pues si están crecidos, ¡compórtense!

Como les decía, nadie ve nada. No sé si es porque necesitan lentes o porque tienen cada día más cosas con qué distraerse y olvidar lo que de verdad es importante... ¿Y qué es lo importante? Ustedes dirán lo que quieran, pero lo único importante en este mundo es el amor, cosa de la que los seres humanos se olvidaron o más bien nunca han entendido... Ya se lo decíamos José y yo a nuestro hijito: «Déjate de estarles hablando de amor a esos ingratos», pero él nada, dale que dale hasta que me lo crucificaron.

A veces, cuando ustedes se comportan de ese modo, me provoca decirle a Él que les envíe el Apocalipsis, pero siempre me dice que no, que en el fondo, son buenos, que lo que pasa es que son lentos… Yo confieso que me perturba un poco que ustedes sean tan incrédulos y que nosotros, para que nos crean, tengamos que hacer shows con rayos, centellas, nubes, coros celestiales, actos de levitación y toda esa parafernalia. Cuando uno se les aparece de la manera más sencilla, no creen en lo que ven… Si ustedes supieran la cantidad de veces que yo los he acompañado en el metro, en el autobús, en la playa, en la universidad, y ustedes ni siquiera se han dado cuenta porque están pendientes de puras tonterías, se volverían locos… Pero ésa no es la idea… Abran los ojos, usen ese iris y esa retina para ver de verdad, para ver aquello que está más allá de las apariencias… No se queden sólo con las estampitas, con los tatuajes (hay unos con mi imagen que son una belleza), con las estatuas, con las hornacinas…

Al final de toda esta historia sólo quiero decirles que ustedes no están solos. Él está con ustedes siempre. No se pregunten por qué ni para qué, sólo acostúmbrense a saber que adonde quiera que vayan, Él los acompaña.

Yo hago lo que puedo. Yo trato de estar con ustedes. Aunque a veces me provoque darles unas buenas nalgadas, yo los amo con todo mi corazón a todos. Pero eso sí, como dice la canción de Elvis Presley:

«We can’t go on together/ with suspicious minds. / And we can’t build our dreams / On suspicious minds».

Chao.