jueves, noviembre 16, 2006

ANOTHER SHORT STORY

Sobre Caracas —sin aviso previo— comenzó a caer una espesa lluvia de peluquines. Por todas partes la gente se escondía ante el diluvio de bisoñés que le caía en la cabeza y le llenaba el cuerpo de pelos postizos. Como siempre, las calles de nuestra ciudad se llenaron de pozos que detuvieron el tráfico y ocasionaron infinitos inconvenientes. La única diferencia es que, en esta oportunidad, las avenidas se llenaron de pelos y no de agua.

Todos temíamos que el Ávila se viniera abajo por culpa del pelero caído del cielo, pero gracias a Dios, eso no ocurrió.

Afortunadamente no hubo víctimas que lamentar.