jueves, octubre 05, 2006

JAVIER SIEMPRE PUDO VOLAR

Un gordo de dos metros de altura, llamado Demetrio López Viaña, decidió comprarse un pequeño canario al que llamó Javier.

Demetrio López y Javier se la pasaban disertando sobre lo humano y lo divino en medio de largas caminatas por el Parque del Este.

Imagínense que el canario Javier tenía como lengua madre el italiano…

Demetrio y Javier hablaban sobre los resultados de los juegos de béisbol, sobre filosofía, sobre astronomía y sobre lo hermosos que son los jabillos a pesar de las espinas. Un día en el que disertaban sobre lo perverso que era el juego que estimulaba el alza de las tasas de interés en el sistema bancario nacional, el canario Javier se dio cuenta de algo de lo que no se había percatado hasta ese momento. En un momento de la acalorada discusión sobre el tema económico, Javier dio un pequeño brinco sobre sus dos patas y se dio cuenta de que podía volar.

Demetrio seguía parloteando sobre el mercado bursátil, sobre las tasas fluctuantes, sobre las pérdidas de Simex, sobre el Nasdaq y sobre la calidad de los botoncitos con la letra X en el ascensor de la Bolsa de Valores de Caracas. Mientras tanto, Javier se sentía feliz porque volaba.

Y así, poco a poco, Javier se fue alejando de su amo. Muy pronto se dio cuenta de que entre volar y pasarse la vida conversando con un gordo, era preferible lo primero.

Eso demuestra, damas y caballeros, que más vale pájaro volando que gordo haciéndose el filósofo.

Y colorín colorado…