martes, octubre 10, 2006

EL MOMIFICADOR

Esta es la increíble historia de Carlos Adelmo Bermúdez, un hombre muy extraño que tenía la más interesante de las profesiones: especialista en taxidermia y momificación con postgrado en la Universidad de El Cairo.

Carlos Adelmo Bermúdez tenía un trabajo muy bien remunerado en el Museo de Ciencias Naturales, pero un mal día, por una inexplicable reducción de personal, le dieron su carta de despedida. Desde entonces, Carlos Adelmo vivió tan amargado que se enfermó de los nervios y tuvo que ser recluido en el Sanatorio Internacional de Sebucán. Allí, hablaba a toda hora de cómo embalsamar muertos, de cómo sacarle las entrañas y rellenarlas con bolsas de aserrín o de arena; de cómo cubrir de cera los órganos que quedaban dentro del cuerpo y así preservarlos para siempre.

El día en que Carlos Adelmo salió del mencionado sanatorio, tomó una decisión que le produjo un enorme placer. Carlos Adelmo decidió vengarse del presidente de la Sociedad de Ciencias Naturales y del gerente de recursos humanos del Museo de Ciencias. Para ello fraguó un plan en el que esperaría a sus dos víctimas en el estacionamiento del Museo de Ciencias y los sometería con un pañuelo mojado en cloroformo.

El día en que adormeció a sus víctimas, se las llevó en su camioneta a una casa que queda en El Placer. Allí los sometió a una extraordinaria operación de taxidermia con la cual Carlos Adelmo terminaría con su venganza.

Cuando el director de la Sociedad de Ciencias Naturales y el gerente de recursos humanos del Museo de Ciencias se despertaron, se encontraron con que sus cuerpos habían sido intervenidos con maldad.

El director de la Sociedad de Ciencias Naturales no podía mover su mano derecha; la tenía donde siempre, pero no podía moverla.

El gerente de recursos humanos del Museo de Ciencias tenía su pierna derecha, pero no podía moverla; ni siquiera la sentía.

Ambos lloraron cuando se dieron cuenta de que alguien con un talento desmesurado en el arte de la taxidermia, les había embalsamado una mano y una pierna.

La policía trató de encontrar a Carlos Adelmo Bermúdez, pero nunca lo logró. Hoy en día se encuentra en España, trabajando con todas las de la ley en una fábrica de jamón serrano.

Demás está decir que Carlos Adelmo Bermúdez es un hombre feliz que duerme tranquilo luego de haberse comportado como el ángel exterminador de quienes le arruinaron su vida y su carrera.

Pase lo que pase, los hombres buenos siempre consiguen lo que quieren.